Karla Rojo de la Vega

Integrar la luz y la sombra
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En la edición número 22 de Zona Maco, conversamos con Karla Rojo de la Vega, quien, más allá de cualquier etiqueta, se define desde un lugar profundamente humano. Su obra, multidisciplinaria, transversal y en constante transformación, parte de una exploración íntima que termina por convertirse en un espejo colectivo.

“Yo me considero, más que una artista, una humana sumamente curiosa y exploradora”, comparte. “Estoy todo el tiempo, de manera empírica, explorando la existencia en diferentes rubros y de forma transversal”.

Sus piezas no buscan imponer verdades absolutas. Están centradas en el humanismo y en la experiencia compartida: “Mi obra se centra en el humanismo. Todo eso que nos atraviesa… no es solo una pieza cultural, es una experiencia, un cuestionamiento que me gusta compartir y que se enriquece con la retroalimentación de la gente”.

Karla Rojo de la Vega

Desde ahí, su visión se aleja de los juicios categóricos: “Nadie está bien o mal, todo es subjetivo. Y además, todos estamos en el mismo camino”.

En su proyecto Posibilidades, realizado en colaboración con Mercedes-Benz en el marco de su 140 aniversario, el eje es la transformación. “Mercedes-Benz habla de este movimiento histórico de la marca, de su evolución constante, de su dinamismo… y la pieza dialoga con eso”, explica. “Al final, es un reflejo de todos como humanidad: una construcción constante”.

La obra retoma elementos de su exploración previa, pero desde una nueva perspectiva. “Al principio no era tanto este afán por encontrar el centro; ni siquiera me daba cuenta de que ya estaba ahí”. La pieza parte de una figura ortodoxa —el cubo—, pero decide intervenirla: “Después pensé: hagamos que este cubo adquiera movimiento, que se transforme. Porque el movimiento es la única constante”.

En su práctica, la sustentabilidad no es una tendencia, sino un principio. “Me baso mucho en la sustentabilidad, me encanta. Creo que simplemente le regreso a los materiales su vocación natural de ser”.

Posibilidades está construida con pedacería de acero, partiendo del aprovechamiento de materiales. Actualmente, Karla trabaja en una nueva colección titulada Marea, que en sus palabras, “habla de las texturas internas y externas del ser”. En ella utiliza telares y materiales recuperados: “Pieles, sábanas de algodón rotas… piezas que, en lugar de desecharse, encuentran una nueva vida y se transforman”.

Para Karla, el proceso creativo no comienza en el estudio; comienza en la vida misma. “Mi mente es súper expansiva y transversal”, dice. Libretas, diagramas e ideas la acompañan constantemente, incluso de madrugada. “Para mí, el proceso creativo es la vida en general. No es que viva y luego me siente a crear; todo es parte de lo mismo”.

La contemplación es también parte fundamental de ese ritual. “Desde observar el jardín, la matemática, la geometría en la naturaleza… de ahí surgen muchas cosas”.

Su estudio, ubicado en casa, es una extensión de ese universo. Enciende incienso, elige música según el mood: clásica, rock de los ochenta o electrónica, y se deja llevar por el proceso. “Mis perrotas siempre están ahí rondando… de repente le ponen una bolita a una pieza y dejo que suceda”.

Marea, su próximo proyecto, continúa esa exploración: movimiento, fluidez y aceptación. Su postura es clara: “En este abanico de opciones que somos, como un arcoíris, se trata de dejar todo ser. Porque eso también es parte de la experiencia. Sin catalogar, sin encasillar, sin necesidad de explicarlo todo… simplemente dejar que suceda”.

Imágenes Cortesía.