Pablo Fierro en el Club de Industriales el eco contemporáneo del arte prehispánico
La exposición Raíces del Ahora dejó una huella sobre el valor de reinterpretar la memoria cultural y preservar espacios que dialogan con el tiempo
Cuerno Nueva York
La reciente exposición de Pablo Fierro en el Club de Industriales no solo fue un encuentro con la materia, sino con el tiempo mismo. Durante unos días, este recinto, donde conviven obras de figuras como Rufino Tamayo, Francisco Toledo y David Alfaro Siqueiros, se transformó en un espacio de conversación entre generaciones, donde el pasado encontró nuevas formas de manifestarse en el presente.
Bajo la serie Raíces del Ahora, Fierro reinterpreta símbolos fundamentales del México prehispánico desde su distintiva técnica Invisibilia, dando lugar a piezas que, lejos de replicar, traducen. La icónica cabeza olmeca, por ejemplo, abandona la piedra para habitar el acero, un gesto que no solo resignifica la materia, sino también el tiempo que la contiene. En ese tránsito, la obra deja de ser objeto para convertirse en un puente: entre lo que fuimos, lo que somos y lo que aún estamos construyendo.
Más allá de su duración, la exposición generó un impacto que permanece. Nos recordó que el arte no es estático ni definitivo, sino una constante relectura de la identidad. Cada pieza funcionó como una invitación a cuestionar la memoria y a entender que el legado no se hereda intacto: se transforma, se interviene y se vuelve a contar desde nuevas miradas.
En ese sentido, espacios como el Club de Industriales adquieren una relevancia que va más allá de la exhibición. Son plataformas que permiten que estas conversaciones sucedan, que las obras encuentren contexto y que el espectador se vuelva parte activa del discurso. En una ciudad que no deja de reinventarse sobre sus propias capas históricas, preservar y generar estos espacios se vuelve un acto necesario.
Porque si algo dejó claro esta exposición es que el arte, como la ciudad misma, nunca termina de definirse. Se construye en presente, pero siempre con la mirada puesta en aquello que nos antecede. Y en ese equilibrio, entre memoria y reinterpretación, es donde verdaderamente habita su permanencia.