Marta, el restaurante donde la cocina despierta emociones
Inspirado en la figura de su madre, el restaurante del chef Manuel Sánchez propone una experiencia culinaria que celebra los sabores, las historias y el placer de compartir alrededor de la mesa.
Cuerno Nueva York
“La tradición no es la adoración de las cenizas, sino la transmisión del fuego. Cocinamos y servimos con un profundo respeto por la tradición y por el comensal, pero siempre mirando hacia el futuro”. -Manuel Sánchez, chef de Marta
Dentro de una hermosa casona recién restaurada se encuentra Marta, en la colonia Cuauhtémoc: un espacio de cocina clásica internacional con un toque cálido y refinado, donde el paladar y los sentidos son los verdaderos protagonistas gracias a una propuesta de autor. Desde la entrada hasta el postre, Marta se ha convertido en nuestro descubrimiento culinario del año.
Ubicado en Río Lerma 297, Marta recibe a sus visitantes con una hermosa fachada de estilo barroco novohispano y dos columnas salomónicas que enmarcan la entrada. Su exterior blanco anticipa la elegancia que se respira en el interior, donde una casona de principios del siglo XX dialoga con una propuesta contemporánea. La madera, las sillas tejidas y una discreta decoración floral complementan un espacio acogedor y sofisticado.
Marta es un homenaje a la madre del chef Manuel Sánchez, una mujer hospitalaria y atenta a los pequeños detalles. La intención es mantener viva su esencia en un lugar pensado para compartir, celebrar y detener el tiempo, mientras los ingredientes de cada platillo despiertan una cocina profundamente emocional y deliciosa.
La esencia de Marta
En entrevista para Percha Magazine, Manuel nos comparte que el momento decisivo para crear Marta llegó después de varios años dedicados al desarrollo de recetas y al trabajo dentro de la industria gastronómica. Junto con un grupo de socios decidió abrir un restaurante que no solo ofreciera buena comida, sino que también reflejara su personalidad. Esa visión se manifiesta incluso en los detalles, como los platos blancos con bordes irregulares que evocan piezas delicadamente fracturadas.
Al recorrer el restaurante hay dos elementos que llaman especialmente la atención: la iluminación natural, favorecida por los tonos claros del espacio, y unas esculturas de gotas doradas que decoran las paredes.
“Nos hablan de la historia de la casa, de cómo un lugar adquiere valor por las vivencias que ocurren en él. Estas esculturas buscan representar el destilado del espíritu de la casa”, explica el chef.
Como un restaurante que nace para honrar la memoria de un ser tan querido para Manuel, y considerando el papel fundamental que la comida tiene en nuestros recuerdos, era inevitable preguntarle qué lugar ocupa la memoria dentro de la propuesta innovadora de Marta.
“Yo lo veo como un lenguaje. La técnica, las recetas y la tradición son un lenguaje. Es responsabilidad de los cocineros de cada generación permitir que ese lenguaje cuente nuevas ideas y nuevos panoramas. Hay que respetar y atesorar lo que se nos enseña y transmite, pero no guardarlo en una vitrina de museo; hay que permitir que evolucione, crezca y siga vivo”, reflexiona Manuel.
Los sabores de Marta: retos y confesiones
En cada platillo que degustamos encontramos un compromiso absoluto con el sabor, la elegancia y la técnica. Entre nuestros favoritos destacan los ostiones con beurre blanc de hoja santa y caviar Ossetra, el ballotine de codorniz con pistache y uvas lactofermentadas, la brocheta de lenguado con salsa de zanahoria y anís y, por supuesto, el extraordinario postre de pera.
Para el chef existe un platillo que considera una verdadera confesión personal, ya que guarda un importante secreto sobre su formación: el magret de pato con holandesa de lima.
“No me consideré cocinero hasta que fui capaz de hacer una buena salsa holandesa sin fallar. Este plato, que además es mi favorito del menú, me recuerda todo el camino recorrido”, nos confiesa.
Continuando con el menú, Manuel nos comparte que uno de los platillos que representa un verdadero reto para el paladar es la berenjena con reducción de miso y cacao, una creación que invita al comensal a abrirse a nuevas sensaciones.
“Está inspirada en un viaje a un monasterio budista en Corea, donde descubrí cómo comen los monjes, así como sus reglas y restricciones. De ahí nació este platillo: una propuesta vegana que, al mismo tiempo, resulta ligera y profundamente compleja.”
Cada restaurante es una ventana a nuevas experiencias, memorias y sabores. Y en Marta hay mucho por descubrir. Es un lugar donde cada platillo invita a disfrutar hasta el último bocado, acompañado por una cuidada selección de vinos y una amplia oferta de bebidas con y sin alcohol.
Te invitamos a visitar Marta y descubrir esta propuesta gastronómica. No olvides hacer tu reservación.
IG: @marta.cdmx
Río Lerma 297
(Martes – Domingo de 2:00 p.m. a 11:00 p.m.)
Imágenes Cortesía