Dos hoteles, dos experiencias: Secrets The Vine y Secrets Mirabel

Vino, wellness, gastronomía y vistas al Caribe se unen en dos propuestas de lujo solo para adultos en Cancún.
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Cuerno Nueva York

Aunque el verano todavía no termina y aún quedan semanas para disfrutar del sol y compartir tiempo con amigos o familia, siempre es buen momento para descubrir destinos que realmente valen la pena. Durante nuestra más reciente visita a Cancún tuvimos la oportunidad de hospedarnos y recorrer dos hoteles de Secrets Resorts & Spas, viviendo de primera mano todo lo que cada uno tiene para ofrecer. Aunque ambos comparten la esencia de la marca, cada uno interpreta el descanso, la gastronomía y el lujo desde una perspectiva distinta. Después de recorrer sus espacios, probar parte de su propuesta gastronómica y vivir la estancia desde dentro, entendimos que no se trata de compararlos, sino de descubrir cómo cada uno entiende unas vacaciones frente al Caribe mexicano.

Secrets The Vine y Secrets Mirabel

Secrets The Vine Cancún fue la primera propiedad que visitamos al llegar y, desde los primeros minutos, entendimos que no era un hotel donde el vino fuera solo un concepto, sino el hilo conductor de toda la estancia. Una de sus grandes bondades es que se trata de una propiedad exclusiva para adultos, lo que crea un ambiente mucho más tranquilo y relajado, ideal para quienes buscan desconectarse por completo. Nos sorprendió descubrir cómo esta temática aparece de manera constante mientras recorres sus espacios: está presente en la gastronomía, en las catas guiadas por sommeliers, en su impresionante cava y en una colección de más de 250 etiquetas provenientes de distintas regiones del mundo. Esa identidad tan bien construida le da una personalidad muy marcada y convierte a Secrets The Vine en una propuesta con un carácter propio dentro de las propiedades del grupo.

 

Bastaba con recorrer el hotel para darse cuenta de que muchos de sus huéspedes estaban celebrando una luna de miel, un aniversario o simplemente unos días para disfrutar en pareja. Esa energía termina marcando por completo la atmósfera del lugar, que se siente íntima, serena y muy relajada. Sus habitaciones con vistas al Caribe, los distintos espacios para compartir y las experiencias pensadas para disfrutarse de dos hacen que el romance surja de manera muy natural, convirtiéndolo en un escenario ideal para celebrar un momento especial.

Uno de los aspectos que más disfrutamos durante la estancia fue descubrir cómo funciona el concepto Unlimited-Luxury®, ya que hace que todo fluya de una manera mucho más natural. Uno de sus mayores aciertos es olvidarte por completo de las reservaciones para cenar y poder elegir, cada día, entre distintos restaurantes de especialidad, además de disfrutar bebidas premium nacionales e internacionales incluidas durante toda la estancia. Secrets The Vine Cancún cuenta con 497 suites, todas con balcón privado y vistas hacia el mar Caribe o la laguna Nichupté, haciendo que el paisaje forme parte de la experiencia desde el momento en que despiertas.

 

También tuvimos la oportunidad de conocer el concepto Preferred Club y entendimos por qué tantos huéspedes deciden elegir esta categoría. Además de ofrecer un servicio de concierge mucho más personalizado, brinda acceso a espacios exclusivos como Olio, donde disfrutamos nuestra comida de bienvenida. Este restaurante, reservado para huéspedes Preferred Club, ofrece desayunos y comidas en un ambiente mucho más privado y relajado, convirtiéndose en uno de esos rincones donde el tiempo parece pasar más despacio. La experiencia se complementa con un lounge exclusivo, una alberca privada y distintas amenidades que hacen que la estancia se sienta todavía más personalizada.

La propuesta gastronómica fue, sin duda, otro de los grandes protagonistas de nuestra visita. Uno de los momentos más especiales fue una cata dedicada exclusivamente a vinos rosados, algo poco habitual y que nos permitió descubrir tres etiquetas completamente distintas. Cada una estuvo acompañada por un maridaje cuidadosamente pensado para resaltar sus notas y características, convirtiendo la degustación en una forma diferente de seguir explorando la identidad del hotel.

Esa misma noche vivimos otra de las experiencias más exclusivas de la propiedad: la Chef’s Table. Se trata de una cena que los huéspedes pueden reservar para celebrar una ocasión especial, ya sea en pareja o con amigos, en un espacio mucho más íntimo donde el chef prepara cada platillo prácticamente frente a los comensales. Observar de cerca cada proceso, escuchar la historia detrás de los ingredientes y descubrir la intención de cada creación hizo que la cena se sintiera mucho más cercana y memorable.

Pero Secrets The Vine va mucho más allá de sus habitaciones y su propuesta gastronómica. A lo largo del día descubrimos que siempre había algo distinto por hacer para quienes buscan mantenerse activos o simplemente probar nuevas experiencias. Hay actividades en la playa como snorkel, veleo y voleibol, además de clases de yoga, aeróbics acuáticos, coctelería y baile, todas pensadas para que cada huésped encuentre su propio ritmo.

De todas ellas, hubo una que se quedó con nosotros: la sesión de cuencos sonoros. Fue uno de esos momentos que no esperas y que, sin darte cuenta, termina convirtiéndose en uno de los recuerdos más especiales del viaje. Durante la experiencia simplemente nos dejamos llevar por el sonido y, por unos minutos, el tiempo pareció detenerse. Fue una forma muy especial de bajar el ritmo, desconectar por completo y despedirnos de Secrets The Vine antes de trasladarnos a la siguiente propiedad.

Después llegó el momento de conocer Secrets Mirabel. Aunque comparte la filosofía de la marca al ser un hotel exclusivo para adultos y ofrecer la experiencia Unlimited-Luxury®, desde el primer instante entendimos que su personalidad es completamente distinta. Su ubicación privilegiada dentro de la zona hotelera de Cancún hace que el traslado desde el aeropuerto sea muy cómodo, permitiendo que las vacaciones comiencen prácticamente desde el momento de la llegada.

El nombre Mirabel proviene de Mirabilis, una palabra que hace referencia a una belleza extraordinaria, y esa idea parece acompañar cada rincón del hotel. Nos llamó especialmente la atención el cuidado con el que fue concebido cada espacio. La arquitectura, los interiores con inspiración resort y la gran cantidad de elementos elaborados de manera artesanal construyen una atmósfera elegante, pero al mismo tiempo cálida y relajada. Incluso las amenidades más contemporáneas se integran con naturalidad al diseño, transmitiendo una sensación constante de serenidad y sofisticación.

Nuestra primera parada fue una comida en Olio, uno de los restaurantes de la propiedad. Ahí pudimos conocer una propuesta de cocina contemporánea inspirada en la tradición mediterránea que disfrutamos al estilo family style. Compartir los platillos hizo que la experiencia fuera mucho más dinámica y nos permitió probar una mayor variedad de sabores, descubriendo poco a poco la identidad gastronómica del hotel.

 

Si hay algo que siempre buscamos durante un viaje es encontrar un espacio dedicado al bienestar, por lo que visitar el spa era una parada obligada. El lugar cuenta con diez cabinas para tratamientos, un circuito de hidroterapia de última generación y terapias inspiradas en la cultura maya, todo pensado para crear una sensación de calma desde el primer momento.

Comenzamos con una sesión de sauna para después recorrer el circuito de hidroterapia, una experiencia guiada por un especialista que acompaña cada etapa y marca los tiempos para pasar por las diferentes estaciones y temperaturas. Conforme avanzas, el cuerpo comienza a relajarse y la tensión muscular desaparece poco a poco. Al finalizar, nos recibieron con bebidas y pequeños snacks que complementaron perfectamente la experiencia. Además de sus impecables instalaciones, algo que realmente apreciamos fue la privacidad del espacio. Su diseño permite desconectarse por completo del resto del hotel y disfrutar el momento con absoluta tranquilidad.

Con el cuerpo completamente relajado, cambiamos de escenario para descubrir otra de las experiencias que más nos intrigaban: una cata de mezcal. Probamos distintas variedades acompañadas por maridajes cuidadosamente seleccionados y, entre todos ellos, uno de los que más nos sorprendió fue el mole, cuya complejidad resaltaba de manera muy interesante las notas de cada mezcal.

 

La degustación se llevó a cabo en un espacio gastronómico mucho más íntimo, donde pudimos observar de cerca a los chefs mientras preparaban cada uno de los acompañamientos. Ver cómo seleccionaban los ingredientes, explicaban cada combinación y terminaban los platillos frente a nosotros hizo que la experiencia se sintiera mucho más cercana y personal.

Para cerrar el día subimos al rooftop del hotel, uno de esos lugares que invitan a quedarse mucho más tiempo del que uno tenía pensado. La vista es espectacular y, conforme cae la tarde, las fogatas crean un ambiente cálido y muy acogedor. Ahí disfrutamos de una degustación de coctelería de autor que nos permitió descubrir otra faceta de la propuesta del hotel antes de dirigirnos a la cena.

 

La última parada del recorrido fue uno de sus restaurantes de cocina asiática. Nuevamente el menú se presentó al estilo family style, una dinámica que disfrutamos mucho porque nos permitió compartir, probar distintos platillos y descubrir nuevos sabores alrededor de la mesa. El maridaje con sake fue el complemento perfecto para cerrar la noche.

Después de recorrer ambas propiedades entendimos que, aunque comparten la esencia de Secrets Resorts & Spas y la filosofía Unlimited-Luxury®, cada una ha construido una identidad muy definida. Secrets The Vine encuentra su personalidad en el universo del vino, mientras que Secrets Mirabel pone el foco en el bienestar, el diseño y una forma mucho más pausada de vivir el destino.

Más allá de las habitaciones, los restaurantes o las actividades, lo que realmente nos llevamos de este viaje fueron esos pequeños momentos que terminaron marcando la diferencia: una copa de vino durante una cata, el silencio del circuito de hidroterapia, una conversación alrededor de una mesa compartida o la calma de ver caer la tarde desde el rooftop. Son esos instantes los que terminan dando sentido a una estancia y los que hacen que un viaje permanezca en la memoria mucho después de haber regresado a casa.

Imágenes Cortesía.