LUIS CURIEL

Una trayectoria guiada por el arte y la espiritualidad
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En la mente de muchos, actuar puede parecer una profesión en la que uno se transforma temporalmente en alguien más. Para Luis Curiel, significa algo distinto. Con el reciente estreno de la segunda temporada de Las Azules en Apple TV+, donde da vida a Damián Ojeda, encontramos el pretexto perfecto para conversar con el actor y descubrir un universo que se mueve entre la espiritualidad y el arte. Una mirada que, al mismo tiempo, intenta navegar una industria en constante movimiento y llena de retos. Para él, la profesión va mucho más allá de los minutos en pantalla: se explora desde la sensibilidad, sin perder la identidad y entendiendo cada desafío como una oportunidad de crecimiento.

 

El primer amor de un niño suele aparecer en la escuela y, casi siempre, se toma con poca seriedad. Curiel encontró el suyo en el teatro y, desde entonces, ha comprobado que no fue algo pasajero.

“Yo decidí a los 6 años que iba a ser actor… Iba muy seguido al teatro, cada fin de semana. Entonces, la primera vez que vi a niños en el escenario, pues como que les dije: ‘Quiero hacer esto toda mi vida, me quiero dedicar a esto’. Pues no me tuvieron mucha fe, ¿no? A los 6 años”, cuenta el actor.

LUIS CURIEL

Con padres ingenieros, su sueño de convertirse en actor podía parecer tan infantil como querer ser astronauta, pero para Curiel nunca permaneció como una simple fantasía. Llegar hasta donde está hoy implicó esfuerzo y, sobre todo, la determinación de abrirse camino por sí mismo.

A los trece años, después de un tiempo entre el teatro, los comerciales y un programa de televisión, la carrera de Curiel se estancó. Esto eventualmente lo llevó a buscar una formación profesional en la escuela de Sergio Jiménez y Adriana Barraza, donde tuvo que mover algunas piezas para asegurar su lugar.

“Hablé y me dijeron: ‘Bueno, tienes que ser mayor de edad’, cosa que no era… Y yo mentí en todo y dije: ‘Sí, sí’”, recuerda sobre todo lo que hizo para evitar que lo cuestionaran. “Además, engrosé la voz”, comparte entre risas.

Después de una audición en la que estuvieron a punto de no dejarlo participar, su actuación terminó por abrirle la puerta. “Me dijo: ‘Pues ya vi que tienes el valor, ¿no?, para estar aquí. Pues ahora a ver, demuéstralo’. Me hicieron la audición y me dijeron: ‘Nunca habíamos hecho esto, pero si no das el ancho, te vamos a sacar’”.

Desde entonces, Curiel no ha dado marcha atrás. Ha explorado distintas facetas del medio desde una sensibilidad propia y con una inquietud constante por observar, aprender y cuestionar quién es.

“A mí, la verdad, es que me aburre mucho la idea de sentir que nada más me cambian el corte de cabello y el nombre… No. Yo busco encontrar ese ser dentro de mí y nutrirlo después de manera creativa. Con mi voz, con mi cuerpo. Que no hable y camine de la misma manera. Que luzcan de manera diferente”, expresa Curiel, quien menciona a actores como Gary Oldman, Tim Roth y John Malkovich entre sus referentes por su capacidad “camaleónica”.

Para él, un personaje comienza a construirse desde una historia de vida. Curiel se aproxima a ella creando biografías para cada uno de los papeles que interpreta. “Para mí, ahí está la riqueza del personaje: en sus conflictos, en sus vacíos, en sus debilidades, en sus necesidades, en sus deseos”. Porque, bajo su mirada, el personaje no sólo se interpreta: se vive. “Para mí, ‘pienso, luego existo’, de Descartes, es como la clave”.

Su propia experiencia le ha demostrado que, en ocasiones, el personaje puede trascender el set. Como ejemplo recuerda lo sucedido durante Control Z:

“Híjole, yo me sentía segregado del grupo, quería hablar y me sentía torpe. Y llegaba al comedor, nadie hablaba conmigo… Y era raro porque así se empezó a gestar la dinámica. Yo llegaba a mi casa y decía: ‘¿Por qué? O sea, ¿por qué? ¿Por qué no puedo hablar? ¿Por qué lo que digo no tiene valor? ¿Por qué no me pelan?’. Y después vi que estábamos muy, muy inmersos en la dinámica”.

Quizá sea esta cercanía con sus personajes la que lleva a Curiel a explorar las capas más profundas del arte, buscando aquello que existe detrás de la narrativa.

“Yo sí creo en el poder transformador del arte… No es tan palpable, pero el arte transforma y sana de una manera, incluso podría decir, más poderosa, porque transforma el pensamiento, transforma tu humanidad, transforma cómo te relacionas con los demás. Te vuelves un mejor ser humano y hace que tu existencia valga aún más la pena. Decides observar no solamente con los ojos, sino con el corazón, con los sentidos. Porque el arte no llega solamente a la razón, llega a otros niveles del ser”.

En un mundo donde encontrar tiempo para la reflexión suele ser difícil, Curiel reconoce en el arte un poder que trasciende el set y alcanza incluso un territorio espiritual. Sin embargo, también entiende que el arte no existe de manera aislada: convive con una industria en la que puede resultar fácil perderse.

“Hay un momento de tu carrera en el que te tienes que sentar a pensar, a decidir y a estructurar, ¿Cómo convives con la industria? ¿Cómo juegas el juego? Y para mí, a título personal, es cómo juego el juego sin perderme, sin perder mis principios, mis valores, el sentido de por qué hago lo que hago, mi conexión con la profesión, con el arte de actuar y defenderlo a cada momento”.

Es precisamente ahí donde aparece una de las búsquedas más importantes de Curiel como actor: encontrar, en lo más profundo de cada personaje y cada matiz, algo capaz de conectar también con el mundo interior de quien observa.

El proceso puede complicarse dentro de una industria imprevisible; sin embargo, es esa misma fuerza interna la que le permite navegarla. “Es una industria muy particular, es muy loco lo que pasa. Cuando piensas que todo va perfilándose hacia un lugar, luego cambian las jugadas. Más bien es irse adaptando como vas pudiendo”.

Dentro de un negocio tan expuesto, puede resultar fácil perder el rumbo si no existe una voz interna que lo guíe. Mantener una identidad propia se vuelve entonces fundamental, especialmente en una industria donde mostrarse auténticamente también implica vulnerabilidad.

“Yo trato de ofrecer una versión honesta mía al público, decir: ‘Este soy’, o sea, no hacer una construcción de mí. Pero definitivamente también creo que esa versión es limitada”, comparte Curiel.

Cuando piensa en el futuro de su carrera, imagina un camino que continúa dialogando con esa espiritualidad que lo ha acompañado a lo largo de los años.

 

“Es generar empatía, generar conexión. En el budismo se llamaría desarrollar bodhichitta… que es la empatía y la conexión con los demás seres humanos”.

 

Una visión que también se refleja en la manera en que entiende los retos que vienen y en su deseo de continuar transformándose a través de cada personaje.

 

“Quiero llegar a ser un actor de retos, que mi prioridad sean los retos, la transformación constante de mis personajes. Ofrecer cosas distintas, no solamente al espectador, sino a la industria. Quiero ser un actor que no pierda su sensibilidad, ni sus ganas, ni su pasión”.

 

Al final, para Curiel, actuar parece ser una búsqueda constante de transformación sin perderse en el proceso. Entre personajes, escenarios y una industria que cambia continuamente, su mayor reto no parece ser convertirse en alguien más, sino descubrir nuevas partes de sí mismo a través de cada historia.

 

Una forma de entender la profesión que encuentra en la sensibilidad su punto de partida y en la conexión con los demás su destino. Porque, más allá de construir personajes, Curiel busca que el arte tenga un efecto que trascienda la pantalla: sensibilizar, conmover, transformar y, sobre todo, acercarnos.

 

Dirección Creativa & Producción Carlos Castellanos @carlinthepark
Fotografía Rodrigo Álvarez @rrodalva
Styling JJ Rizo @jj.rizo


Agradecemos a Amomoxtli @amomoxtli las facilidades otorgadas para el uso de sus instalaciones.