Studio Hole: una armadura de rambután que explora el futuro de los biomateriales

Una mirada al potencial de los biomateriales y a nuevas formas de crear desde el diseño, la experimentación y el cuidado del entorno.
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Cuerno Nueva York

Pensar y desarrollar alternativas sustentables es valioso, especialmente cuando integran el diseño a objetos o textiles para el uso humano. La exposición “Biodiseño MX. Territorios vivos”, que actualmente se exhibe en el Museo Franz Mayer, es una ventana que invita a curiosear, aprender y reflexionar sobre la importancia de las alternativas biosustentables que diversos estudios, talleres y artistas están impulsando desde el diseño.

Sin caer en el antropocentrismo de crear objetos para el beneficio desmedido del ser humano, la exposición es una muestra de cómo todos los organismos vivos tenemos una relación simbiótica, más allá de la física. Aquí, el diseño se convierte en una herramienta para acercarnos, desde un punto más humano y sensible, a nuestro entorno.

En la exposición participa un importante número de artistas y diseñadores. Sin embargo, para esta serie de entrevistas nos acercamos a tres proyectos que integran el desarrollo de biomateriales para crear textiles.

El primero es Studio Hole, dirigido y fundado por Bertín López, un artista del diseño con formación en arquitectura y un gran interés por la fabricación de objetos, la experimentación, el arte y el diseño en todas sus manifestaciones.

Su curiosidad por el mundo del diseño lo ha llevado a realizar estudios de posgrado en fabricación digital y, más tarde, a especializarse en materiales. Además, es un apasionado de temas como la sustentabilidad y el medio ambiente, lo que le ha permitido enfocar la dirección de su estudio en el desarrollo de biomateriales.

Para conocer más sobre esta mente inquieta del diseño y la exploración sustentable, decidimos entrevistarlo para que nos hablara sobre su enfoque como artista y sobre una de las piezas que llamó nuestra atención en la exposición: Rouge Dermis N°1, una especie de armadura blanda hecha de biocompuestos a base de rambután.

Studio Hole

Percha Magazine: Me gustaría comenzar con ¿dónde empezó todo? ¿Cuál es tu formación?

 

Bertín López: Yo hice la carrera de Arquitectura en la UAM Azcapotzalco. También hice un diplomado en Diseño de Interiores y, poco a poco, fui entendiendo que la escala de la arquitectura, en términos de diseño, no era lo que más me llamaba la atención. Pasé a Diseño de Interiores, que también tiene que ver con moda, estilo, colores y, posteriormente, hice una maestría en Fabricación Digital en la Anáhuac Norte. Tiene que ver con el uso de herramientas, ya sean digitales o físicas, para asistir al diseño.

De ahí, otra vez bajé un poco la escala y recientemente terminé la maestría en Diseño Industrial en la UNAM. Con los años he tratado de dejar de encasillarme a mí mismo como arquitecto o diseñador industrial. Me gusta que me llamen o que me reconozcan por mi trabajo y no por la carrera que ejerzo. En general, me gusta pensar que soy algo artista.

PM: Sí, creo que es una descripción bastante acertada cuando se tienen afinidades por el diseño y, de alguna forma, se adapta a lo que haces tú. ¿Cómo nace Studio Hole y por qué ese nombre?

BL: Studio Hole nace en la pandemia. Yo me había ido a vivir a Barcelona, pero me tuve que regresar a México. Cuando regreso pienso: ¿qué voy a hacer? Ya había renunciado a mi trabajo acá, había vendido la motocicleta y el departamento casi lo entregaba.

Yo sabía que no quería formar parte de ningún despacho o estudio en términos de sentarme en un escritorio. No porque sea algo malo, sino porque era algo que yo ya había superado de cierta forma, porque buscaba maneras personales de ejercer el diseño.

Una amiga me dijo: “Yo siento que tú tienes todas las herramientas, los conocimientos y la inquietud para hacer tu propio estudio. ¿Por qué no te avientas? ¿Qué puedes perder?”. Entonces me animé y le puse Studio Hole en lugar de Bertín López, porque me gusta que represente lo que hago, en lugar de mi nombre como persona.

La idea del nombre viene del vacío y también es un juego de palabras. Hole, en inglés, si le pones la W, se convierte en whole, que representa el todo. El vacío y la nada. Hole es todo y, a veces, es nada. Si quieres que Studio Hole sea una cosa, lo va a hacer; si quieres que sea lo otro, también lo va a hacer.

Como todo proyecto, cuando uno empieza va experimentando y viendo qué funciona, qué nos gusta, cuáles son las inquietudes y explorando dudas. Ahora, Bertín ha incursionado en el diseño de máscaras, pero también en el diseño textil. De hecho, su primera pieza es la armadura blanda expuesta en el Franz Mayer, la cual marca el inicio de su carrera en la innovación de materiales y el diseño textil.

PM: ¿De dónde viene la inspiración para crear esta pieza?

BL: Yo crecí con cómics, viendo series y consumiendo lo que ahora ya se denomina geek.

Yo me sentía como cobijado por todas esas cosas, entonces siempre me clavé mucho en la ciencia ficción y todo eso fue alimentando esta parte del diseño.

 

No es que particularmente me encante la moda o que sea una persona que tenga inquietudes por la moda. Lo que sí tengo es inquietud por los trajes y las cosas que hay en las películas, como el diseño de producción y de vestuario. A mí me gustan mucho los videojuegos donde los vestuarios son armaduras. Esa es la idea detrás de todo lo que hago: que sean cosas que a mí me gustan y, aparte, combinarlas con inquietudes que he tenido desde pequeño.

Por otro lado, siempre he tenido una preocupación por el medio ambiente, desde que soy pequeño. Escuchaba que se iba a acabar el agua en Ciudad de México, sobre la contaminación, la tala de árboles. Entonces yo crecí asustado: ¿cuándo yo crezca, el mundo va a ser un lugar habitable? ¿Va a ser bonito vivir?

Si bien, como persona adulta, entiendo que con mis materiales y las cosas que hago no voy a resolver una problemática a nivel global, porque es un conjunto de problemas mucho más grandes, lo que sí puedo hacer es que en mis proyectos se vea reflejado que me interesan cosas que tengan que ver con el cuidado del medio ambiente. Creo que ese es mi granito de arena.

PM: ¿Cómo decides trabajar con el rambután?

BL: Comencé a experimentar con materiales porque siempre ha sido algo que me ha gustado. En términos de que me gusta mucho la química, la física y las ciencias naturales. Entonces dije: bueno, quiero explorar materiales.

Empecé a involucrarme en la investigación de materiales desde el diseño, que es muy diferente de la gente que se dedica a las ciencias de los materiales per se. Hace cuatro años gané un concurso a nivel internacional que estaba fondeado por IKEA, donde se seleccionaron cinco proyectos a nivel México y uno de esos proyectos fue el mío.

Me postulé con un proyecto de un material desarrollado a partir de desechos de cáscara de rambután, que es una fruta que se parece mucho a los lichis, que, de hecho, son primos, y yo tengo un amigo que en Chiapas, en el mero sur, tiene cultivos de rambután.

Cuando él venía a la Ciudad de México siempre me traía rambután y me hice fanático del sabor. Cuando comencé a hacer mis experimentaciones, participé en un taller de desarrollo de materiales con una buena amiga que se llama Edith Medina y, cuando tuve que seleccionar qué material quería hacer, ya lo tenía a la mano: era el rambután.

PM: ¿Qué viste en el rambután? ¿Qué característica encontraste para desarrollarlo?

BL: A nivel práctico, yo había detectado algunas cosas o propiedades de la fruta que eran importantes en términos de las fibras y otras cosas que suceden con la fruta.

Yo decía: si bien tengo que utilizar un material natural, tiene que cumplir otros criterios. Y dije: bueno, estoy utilizando la cáscara, que es un desecho, entonces ya no estoy poniendo en tela de juicio si se va a producir rambután solo para crear un nuevo material. De hecho, un poco mi investigación en la maestría tiene que ver con aprovechar este tipo de cosas que normalmente son desechos.

A partir de ese concurso comencé a trabajar con el rambután. Desarrollé un material sólido, un textil y, bueno, estuve yendo y viniendo con muchos proyectos. Lo abandoné un rato, regresé, iba, venía y, específicamente para este proyecto de biodiseño, me invitaron a participar desde la curaduría.

PM: ¿Cómo fue este proceso de crear ese material? Porque tú ves la prenda y, para empezar, es negra. ¿Cómo trabajaste? ¿Cómo fue este proceso de manipulación? ¿Cómo lograste ese resultado final para que la cáscara de ese fruto se convierta en parte de un textil?

BL: El rambután tiene varios nombres. El más famoso, o al menos aquí en México, viene de un vocablo que significa pelos, de un país africano, y por eso le pusieron rambután. De hecho, el rambután no es de origen mexicano, viene del sudeste asiático.

Como buen diseñador, tienes que plantearte una serie de objetivos y yo tenía muy claro qué quería de mi material; también tenía muy claras las limitantes. Cuando alguien me pregunta: “¿Es resistente?”, yo lo primero que les digo es: “¿Resistente a qué? ¿A la tracción, a la compresión, a la torsión, al fuego, al agua, a la electricidad?”. Yo tenía muy claro que, al ser un material biodegradable, obviamente no iba a poder lavarlo como lavas una prenda.

Y tampoco se ensucia como se ensucia un material normal, pues los textiles tradicionales, como el algodón, absorben la suciedad. No es que no tenga resistencia al agua o que sea hidrofóbico, pero, al ser un biocuero, como le llamamos en este mundo, no es que la absorba.

Antes de desarrollar esta prenda, yo desarrollé el material, al que le puse Neflum, y desarrollé una serie de grosores y una paleta de colores. Los colores naturales que te da el material son entre amarillos, ocres y rojizos. La fruta como tal pasa por varios estados. Cuando todavía no madura en el árbol, es muy verde y va avanzando, se va volviendo amarilla, naranja, hasta que llega a un rojo muy brillante con los pelitos verdes.

Una vez que tú cortas la fruta, a lo largo de las semanas va transformándose el color de la cáscara, llegando hasta unos colores cafés muy opacos, casi negros, ya cuando la puedes desechar. El sabor también cambia: pasa de un dulzor acidito y se va haciendo dulce por toda la descomposición de las moléculas.

Eso mismo pasa con el material. Pasa por una serie de estados y, dependiendo del estado en el que tú lo agarres y lo que tú quieras, el material puede quedar muy opaco en términos de brillantez, puede quedar muy café, rojizo o amarillo. Y la verdad es que el negro es uno de mis colores favoritos y dije: bueno, yo lo quiero hacer negro. Y comencé a desarrollar, como parte de la investigación, cómo lo podía teñir.

¿Qué cosas puedo utilizar para teñirlo de negro y lo mismo de rojo y lo mismo de amarillo? Y así es como fui desarrollando un poco el color. Fui haciendo experimentaciones en mi pequeño taller-laboratorio que tengo en mi casa y se fue dando con experimentación, sobre todo primero con el material y, una vez que ya tenía controlado el material, con las aplicaciones del material.

 

PM: ¿Cuánto te llevó desarrollarlo? Dijiste que eso no me quedó muy claro.

 

BL: El material yo lo venía desarrollando desde hace como seis o siete años, pero fueron pequeños pasos. En términos específicos, con esta indumentaria, desde el momento en el que comencé a hacer las placas de material o los rollos de material, yo diría que me tardé un mes más o menos, pero obviamente no todos los días.

 

Por ahí se me atravesó un viaje y luego desarrollar los rollos de material, como dos semanas; pruebas textiles, otra semana; la hechura del material, coserla, etcétera, otras dos semanas y un poco así. Yo le diría más o menos mes y medio.

Ya me han pedido varias; de hecho, un par de conocidos del medio y gente me pidieron esa pieza específica que está en la exposición y, como todo en moda, la desarrollé para un maniquí que tiene ciertas medidas. Entonces, pues, no es tan fácil vendérsela a alguien que no tiene esas medidas específicas.

PM: ¿Cómo fue la invitación para formar parte de esta exposición en el Franz Mayer?

BL: Taina Campos me dijo: “¿Quieres participar?”. Y yo: sí, pero la condición es que no quiero participar con uno de los proyectos que tú ya conoces. Quiero participar con algo nuevo y, la verdad, me dieron carta abierta.

Me dijo: “Tú haz lo que tú quieras, solo entrega”, y dije: bueno, yo desde cuándo quiero hacer algo de vestuario, así súper geek, como una armadura, porque muchas veces en estos proyectos se hacen el vestido, la falda, y yo decía: no, yo no quiero hacer eso, yo quiero hacer una armadura, como decir: en el futuro vamos a necesitar armaduras para protegernos de lo que se venga.

Y un poco así surgió, desde juntar esta preocupación por el medio ambiente, por hacer materiales que respondan a ciertas preguntas y ciertos desafíos en la actualidad.

PM: ¿Qué experiencia te dejó trabajar con el rambután de esta forma? ¿A qué conclusiones llegaste al crearlo? ¿Lo vas a desarrollar más?

BL: En definitiva, este proyecto va a seguir. Creo que es el inicio de algo que se viene en Studio Hole, en primera, porque no solo me está abriendo muchas puertas, sino porque también me abrió inquietudes.

Una, por ejemplo, es que aprendí patronaje. Cuando me aceptaron este proyecto, yo no sabía nada de patronaje; yo aprendí a patronar.

Compré un maniquí, aprendí patronaje, aprendí a coser, agujas, todo lo que implica hacer un vestido lo aprendí de manera autodidacta, que un poco así he hecho varias cosas del estudio que desde luego no son mi expertise, y eso me encantó de este proyecto, que me puso desafíos.

Entendí que en moda utilizaban cosas del área de diseño de las cuales yo sí domino: geometría, vectorización, dibujos técnicos, planos, cosas así. Y dije: claro, todo esto yo lo sé hacer. Aprender patronaje me va a tomar un tiempo, pero no es algo muy ajeno al diseño.

Creo que es un parteaguas en Studio Hole porque es algo que me permite juntar varias cosas de lo que yo hago: diseño industrial, diseño de materiales, moda y diseño de objetos.

De las cosas que yo aprendí trabajando con el rambután es a valorar las cosas que nos interesan. Muchas veces buscamos materiales naturales, pero queremos que sean frescos, que te lo puedas poner, que lo puedas guardar, queremos que se vea bonito, que sea multitalla, que dure mucho.

Queremos que los materiales hagan muchas cosas, entonces es un arma de doble filo pedirle a un material que haga muchas cosas, pues puede poner en jaque otras. A lo mejor con el agua, con el sol se degrada más rápido. Hay una serie de cosas que tenemos que cuestionarnos sobre los materiales que queremos y sobre lo que podemos hacer con ellos.

Yo no planteo que mi textil de rambután y todo lo que estoy haciendo sea la solución al problema de los microplásticos que hay en los textiles. Yo no soy nada ingenuo y no planteo vender mis proyectos como la solución en la moda; sin embargo, lo que sí creo que hace bien mi material es plantear una serie de cuestionamientos de escala, de producción local, de muchas cosas, y creo que eso es lo que he aprendido a lo largo de hacer estos proyectos.

Y creo que eso es algo muy satisfactorio: ir generando no necesariamente las respuestas, pero sí preguntas que son interesantes y que generan otros debates que igualmente pueden ser interesantes a nivel industria, academia o a nivel personal.

El punto central de la exposición plantea ser un encuentro para conocer todas las posibilidades que la naturaleza nos brinda de manera ética para el beneficio de la vida humana, indagando en las innovaciones tecnológicas biosustentables, donde quizá no todo debe ni tiene que durar toda la vida, como siempre nos han hecho pensar. De hecho, los materiales biodegradables tienen un periodo corto de duración.

 

La exposición te envuelve en un pensamiento crítico, un acercamiento a las herramientas que nos rodean y a las posibilidades de darles un uso más circular, sin ser una amenaza o, al menos, disminuyéndola para el ecosistema de otros seres.

 

Visita la exposición “Biodiseño MX. Territorios vivos” en el Museo Franz Mayer hasta el 11 de octubre de este año, de martes a domingo, de 10:00 a.m. a 5:00 p.m.

 

Imágenes Cortesía de Studio Hole por Almendra Isabel.