Paola Nuñez
De la complejidad de sus personajes a su lucha por los animales, la carrera de Paola Nuñez radica en la empatía.
Con una carrera prolífica entre producciones de cine y televisión en México y Estados Unidos, Paola Nuñez se mantiene en constante movimiento. Entre una variedad de géneros, Nuñez demuestra un rango impresionante, y ahora llega a su vida una nueva oportunidad para demostrar los límites de sus habilidades con su nueva serie El otro padre. Entre drama familiar, secretos y maternidad, Yolanda, el personaje de Nuñez, se convierte en una nueva faceta de la historia de la actriz, consolidándose como un nuevo reto en la actuación. Y aún con una carrera tan exitosa por detrás, Nuñez se ha esforzado por enriquecer otras dimensiones de su universo, dedicando su tiempo al bienestar animal a través de Patitas en Custodia, una fundación que se enfoca en rescatar, rehabilitar y buscar hogares para perros que han vivido el abandono. En todas sus áreas, Nuñez encuentra la manera de deslumbrar.
En su nueva serie, El otro padre, la actriz encuentra un sentimiento profundo de conexión con su personaje, Yolanda, aun cuando muchos encuentran una razón para despreciarla. “Es interesante, porque ahora que mucha gente vio la serie, se me acercan y la mayoría de las personas me dicen que odiaron mi personaje”, comparte Nuñez. Sin embargo, es precisamente en esta complejidad que la actriz encuentra un propósito más grande. “Y creo que ese es mi trabajo como actriz, entender de dónde viene Yolanda, de qué tipo de familia, de la educación que tuvo y de su estrato social. Eso es importantísimo para entenderla, una mujer que vive del ‘qué dirán’, de las apariencias. Una mujer que no se siente vista por su esposo, ni amada por su familia. Yolanda vive en el mundo de lo material porque le enseñaron que esa era la felicidad. Y, por tanto, Yolanda es una mujer sumamente infeliz. Creo que hay muchas mujeres como Yolanda y la verdad sentí mucha compasión por ella, sobre todo al final”, narra la actriz.
Son justo personajes como Yolanda los que requieren hacer uno de los trabajos más difíciles: reconocer la sombra dentro de uno mismo y dialogar con ella, algo que ilustra Nuñez: “Me atrevo a decir que todos hemos tomado decisiones que tal vez han dañado a alguien más. Todos hemos mentido en algún momento, todos hemos sido el villano en la historia de alguien más sin darnos cuenta”. Y reconocer estas partes negativas, aun siendo un trabajo inmensamente difícil, no es lo más complicado de la ecuación; lo verdaderamente complicado se encuentra en vivir dentro de esta sombra sin juzgar, es envolverse en el papel plenamente. “Es muy fácil juzgar, mas es muy difícil entender, y mira, no estoy justificando las decisiones de Yolanda, lo que hace es fuertísimo, pero una mujer traicionada es una mujer peligrosa y una madre herida, más”, cuenta Nuñez. Luego continúa: “Nuestro trabajo es empatizar con el personaje. Sin empatía, hay demasiada distancia entre tú y él. Esa distancia la siente el espectador”.
Entre roles que se mueven entre lo mexicano e internacional, cruzando géneros como el melodrama, acción, terror, drama y más, Nuñez encuentra su mayor satisfacción en aquellos personajes que no viven en blanco y negro. “No me gusta interpretar arquetipos. Y es difícil porque muchos personajes están escritos así. La mala, la buena, la bonita, etc. Me gustan los personajes complejos. Los seres humanos somos complicados y complejos, estamos llenos de heridas emocionales y eso me encanta”, cuenta la actriz. Esto es lo que hace su trayectoria tan impresionante: no solo se expande por múltiples géneros y mercados, sino que esta actitud es lo que le permite desenvolverse en el personaje, algo que no todos pueden lograr de manera tan auténtica.
Dentro de un papel, Nuñez busca ocupar cada faceta del universo del personaje; sin embargo, cuando se trata de su propia vida, mantiene una barrera entre este y ella misma, siempre teniendo clara su identidad y lo que significa para ella estar en una industria compleja: “No me gusta perderme ni en los personajes que interpreto ni en la idea de lo que es el éxito. Creo que hoy en día veo mi carrera como una profesión más. Me gusta trabajar, pero más me gusta regresar a mi vida, a mi casa. A mi familia. Soy muy hogareña. Ahí está mi felicidad y mi plenitud”, narra. Así es como también encuentra el espacio para dedicarse a lo que realmente le importa: abogar por los animales. Desde chica, Nuñez se ha rodeado de perros, estableciendo una conexión especial con ellos desde la infancia, algo que solo creció con el tiempo. “Cuanto más fui viviendo, más me maravillaba de la grandeza de su alma. La necesidad de protegerlos y darles voz se ha convertido en un llamado de vida”, cuenta la actriz.
Esta sensibilidad no vive en el aire, sino que, a través de sus acciones, Nuñez lo concreta, empezando por su perro, Ezequiel, quien llegó a su vida a través de la adopción. Una relación que realmente mostró ser recíproca: “Ezequiel me enseñó lo que es el verdadero amor. Ni la terapia, ni la ayahuasca, ni los cursos de superación personal lograron enseñarme lo que él me enseñó. Me hizo mejor persona, mejor pareja y me enseñó el camino. Estoy convencida de que fue mi maestro espiritual. Lamentablemente lo perdí este año. Cáncer. Pero su legado es la fundación Patitas en Custodia”, cuenta. La actriz se ha consolidado como una de las figuras que más abogan en contra de la compra de perros, defendiendo siempre la adopción, un sentimiento que radica en la empatía. “Justo esa falta de empatía y la hipocresía que vivimos hoy en día. Es muy contradictorio. En México somos pet friendly, pero con los perros de raza pura, discriminamos, maltratamos y abusamos del resto de los perros en situación de calle y, además, no tenemos la conciencia para esterilizarlos y combatir la sobrepoblación, que además se ha convertido en un problema de salud pública”, comparte Nuñez. Su organización, Patitas en Custodia, ha realizado cinco jornadas de esterilización gratuita y a bajo costo desde su fundación en 2024. También han logrado rescatar y dar en adopción responsable a más de 70 perros que viven en la calle en Tecate, BC, la ciudad natal de la actriz. Aun siendo un equipo pequeño, su impacto es inmenso.
Entre tantas facetas que atender, Nuñez mantiene sus metas claras: “Yo lo único que quiero ‘vender’ hoy por hoy es la conciencia animal”. Resaltando comportamientos continuos en nuestro país, como el abandono y la explotación, la actriz concluye planteando una pregunta: “¿Cómo es posible que nos llamemos seres empáticos y evolucionados si perpetuamos este comportamiento?” Una cuestión de gran importancia hoy en día.
Más allá de los personajes que interpreta y de las historias que lleva a la pantalla, Paola Nuñez parece encontrar su verdadera fuerza en aquello que existe fuera de ella: la empatía, el hogar y la capacidad de cuidar a otros. Entre una carrera que continúa creciendo y una causa que se ha convertido en parte esencial de su vida, la actriz demuestra que el éxito también puede medirse por aquello que somos capaces de transformar. Hoy, desde Yolanda hasta Patitas en Custodia, Nuñez continúa explorando nuevas versiones de sí misma, siempre con la intención de dejar algo más que una interpretación: una huella.
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