Regina Paniagua: la naturaleza como materia
Mezquite, cempasúchil y hoja de maíz dan forma al universo de bioarte y biomateriales de la artista.
Cuerno Nueva York
Pensar en nuevas formas de crear también implica cuestionar los materiales con los que convivimos. En Bio Diseño MX. Territorios vivos, exposición que se presenta en el Museo Franz Mayer, diseño, naturaleza e investigación se encuentran para explorar alternativas capaces de replantear nuestra relación con los objetos, los textiles y los recursos que utilizamos todos los días.
Como tercera y última entrevista de esta serie, conversamos con Regina Paniagua, artista que trabaja entre el bioarte, la investigación de materiales biológicos y la biofabricación. En la exposición presenta Cuello de mariposa monarca, una pieza realizada con cempasúchil, totomoxtle y agar agar, y Membrana, creada a partir de biomasa del mezquite.
Dos piezas que parten de elementos profundamente vinculados con el territorio y los transforman en materia para hablar sobre nuestra manera de habitar el mundo. Más que pensar únicamente en alternativas sustentables, la práctica de Paniagua propone observar nuevamente aquello que nos rodea y cuestionar la distancia que hemos construido entre el ser humano y la naturaleza.
Regina Paniagua es licenciada en Artes Visuales por el Instituto Allende, a través de la Universidad de Guanajuato. Cuenta con un diplomado en Curaduría, Museografía y Gestión de Exposiciones por la UNAM, un curso en Gestión Cultural por el CENART y estudios en materiales vivos y biomateriales por Biology Studio.
Su trabajo parte de la experimentación con materiales naturales y de una búsqueda por trasladar la resiliencia presente en los ecosistemas hacia contextos contemporáneos. Desde ahí cuestiona la sociedad de consumo, nuestra desconexión con el entorno y la idea del ser humano como una entidad separada de la naturaleza.
Percha Magazine: ¿Cómo comenzó tu camino hacia el biodiseño y los biomateriales?
Regina Paniagua: Mi formación estuvo orientada hacia las artes clásicas, con técnicas muy tradicionales como la pintura, la fotografía y la escultura. Dentro de estas disciplinas, muchas de las técnicas que se utilizan, como el óleo o incluso la fotografía análoga, tienen procesos que pueden resultar contaminantes.
Desde niña tenía mucha conciencia ecológica y me encantaban las plantas. Cuando terminé la licenciatura llegó la pandemia. Entré en una depresión por todo lo que estaba pasando y empecé a buscar otras técnicas que pudiera desarrollar para no sentirme tan culpable por trabajar con procesos que podían ser contaminantes y que, al mismo tiempo, pertenecían a mis disciplinas favoritas. Así fue como, desde 2020, comencé a explorar los biomateriales.
Esta exploración ha sido muy autodidacta, basada en la investigación y en el método de prueba y error. Así empecé a conocer a otras investigadoras y diseñadores que trabajaban dentro de este campo. Hoy los biomateriales están teniendo un gran auge y, aun así, todavía cuesta encontrar suficiente información y recursos al respecto.
Fue así como empecé a incorporar los biomateriales a mi práctica artística. Actualmente me interesa mucho la instalación escultórica y el trabajo orientado hacia los biotextiles, como Membrana, que está en el Franz Mayer, y Cuello de mariposa monarca. Estos proyectos surgieron a partir de otro trabajo llamado Bajo la sombra del mezquite.
PM: El mezquite tiene una presencia muy importante en tu trabajo. ¿De dónde nace esta relación?
RP: Actualmente estoy en Guanajuato. Aunque nací en la Ciudad de México y viví ahí hasta los 20 años, siempre tuve mucho contacto con Guanajuato por mis papás, que son de Acámbaro, donde hay muchos mezquites.
El mezquite es un árbol típico de zonas áridas o semiáridas. Todo empezó desde algo muy personal, por una fascinación que tengo por este árbol. Quise investigar sus propiedades ecológicas y entender de qué manera beneficia al ecosistema. Fui descubriendo que, cuando estamos bajo su sombra, puede generar un microclima debido a la composición física de sus hojas y disminuir hasta cuatro grados la temperatura ambiental.
Además de su sombra, también ayuda a fijar nutrientes en el suelo y volverlo más fértil, algo especialmente relevante en Guanajuato y en otras regiones afectadas por el monocultivo. Se deforestan tierras para plantar una especie específica y, como consecuencia, los suelos se vuelven cada vez más estériles.
Yo crecí en estos terrenos y he visto su transformación. Cada vez hay menos mezquites. Recuerdo que antes había bosques enormes y poco a poco han ido desapareciendo. Es un árbol que se tala mucho porque su madera es muy dura y se utiliza para fabricar muebles. En el norte, por ejemplo, también se utiliza para el asado.
Es algo que exploro en casi todos mis proyectos porque me interesa poner sobre la mesa la idea de que el ser humano forma parte del ecosistema y no es un sistema separado de él.
PM: ¿Cómo surge Membrana a partir de esta investigación?
RP: Pensé en hacer exploraciones con este árbol y tomar sus pulsos eléctricos, porque todos los seres vivos, aunque sean mínimos, producimos energía y pulsos. Creé una serie de aparatos que me permitían registrar los pulsos de los árboles. Aquí en Guanajuato iba a distintos cerros y hacía caminatas para buscar mezquites. Lo hice durante las cuatro estaciones del año para observar si existían diferencias.
Con todos los datos que recogía hice una sonificación que derivó en una mezcla sonora. Después desarrollé otros sensores para registrar mi temperatura. Me colocaba debajo del árbol y, mientras medía mi temperatura, realizaba una mezcla con los datos que previamente había obtenido del mezquite. A partir de eso desarrollé una videoperformance con sonido generativo.
Con esta información, el sonido del árbol y el mío, por decirlo de alguna manera, surgió la idea de incorporar piezas de biotextil elaboradas a partir de biomasa del mezquite para que funcionaran como una especie de intermediario entre el árbol y el ser humano.
Así surgió Membrana, que fue la pieza más grande de este proyecto. Me la puse primero como una capa y después como una cobija.
PM: ¿Cómo transformaste el mezquite en un biotextil?
RP: La pieza está hecha con biomasa del árbol de mezquite, específicamente de la vaina. La vaina se cosecha y se come, y tiene muchas propiedades alimenticias: es muy rica en proteína y contiene otras moléculas.
Me interesaba trabajar con la vaina justamente para no dañar el árbol. Investigué sobre ella y descubrí que podía convertirla en un tipo de biopolímero, que es lo que se necesita para realizar este tipo de biotextil. Se puede obtener un biopolímero, aunque no es tan fuerte como otros, como la grenetina.
Estuve desarrollándolo durante todo el año pasado y pude hacerlo gracias a que participé en la convocatoria de Jóvenes Creadores del FONCA y obtuve ese apoyo.
PM: En Cuello de mariposa monarca aparecen otros materiales inesperados: cempasúchil y totomoxtle. ¿Cómo nace esta pieza?
RP: Antes de estudiar Artes Visuales cursé tres semestres de Diseño de Modas porque también me interesaba la moda. En ese momento sentí que no terminaba de encontrarme ahí y me cambié a Artes, pero siempre he mantenido esa admiración por la moda y la idea de desarrollar alguna fibra que no contaminara tanto.
Desde hace tiempo tenía la intención de crear prendas más cercanas al arte objeto. Dentro de esta exploración empecé a pensar en qué tipo de cosas podría llevar alrededor del cuello.
La pieza surgió el año pasado, durante el Día de Muertos, después de que retiraron las ofrendas. Aquí en San Miguel se hacen ofrendas monumentales en el centro y, cuando las quitan, queda una gran cantidad de hoja de maíz y flor de cempasúchil.
Fui a recolectar estos materiales para experimentar con ellos y así surgió la idea del cuello de mariposa. La mariposa monarca pasa por San Miguel durante su migración hacia Michoacán, a finales de octubre y principios de noviembre. Aquí existe también el simbolismo de que representan a las almas que van de paso y, durante esas fechas, aparecen muchas decoraciones inspiradas en ellas.
Logré hacer un cuello que simula las alas de la mariposa utilizando cempasúchil y ceniza de totomoxtle. Ni la hoja de maíz ni la flor de cempasúchil son biopolímeros, así que necesitaba incorporar uno. Utilicé agar agar, que proviene de algas.
Así creé una especie de membrana con esta estructura orgánica: de un lado aparece el cempasúchil y del otro, el maíz.
PM: Después de todo este proceso de investigación y experimentación, ¿qué te interesa provocar en quien se encuentra con tus piezas?
RP: Me gusta mucho trabajar, especialmente con Membrana, las texturas y todas estas materialidades para descubrir las diferentes posibilidades que pueden tener. Dentro de la instalación me interesa mucho la contemplación, que el espectador pueda tomarse un momento para observar. Por eso creo todas estas texturas: mi intención es que te envuelvan un poco.
Actualmente tengo una exposición llamada Bajo la sombra del mezquite, donde por primera vez puedo presentar toda la instalación. Se inauguró la semana pasada en el Museo Olga Acosta, en Guanajuato.
Imágenes cortesía de Regina Paniagua.