Michel Brown

Una vida entre la actuación, los documentales y los viajes que dejan huella
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Actor, productor y conductor: tres facetas que forman parte de la identidad de Michel Brown. Con una trayectoria que transita entre series dramáticas, telenovelas icónicas, cine y, recientemente, documentales de impacto social, su mundo se encuentra en constante evolución. Con una nueva serie, El Círculo, por estrenar y distintos proyectos en puerta, Brown se toma el tiempo para hablar sobre cómo encuentra un equilibrio entre lo profesional y lo personal, cuáles son las historias que considera importantes contar y de qué manera elige un camino que responda a su propia idea de realización. Porque, después de tres décadas frente a las cámaras, todavía existen territorios capaces de sorprenderlo.

La extensa trayectoria de Brown se ha construido entre producciones y aventuras muy distintas, una diversidad que lo ha impulsado a buscar aquello que continúa despertando su curiosidad. Con el paso del tiempo, ha aprendido a identificar qué lo emociona, pero también a reconocer cuándo necesita cambiar de dirección.

“Me fui dando cuenta hace muchos años qué no me emocionaba y en qué lugar yo sentía que me repetía. Y cuando me empiezo a repetir en la vida, me da ansiedad y necesito salirme de ese lugar y encontrar lo que me emocione”.

Hoy, esa emoción parece sostenerse sobre tres pilares. El primero continúa siendo la actuación, aunque su interés va más allá de interpretar un personaje: está también en comprender el alcance que puede tener su voz. “Me emociona entender que uno como actor tiene una llegada muy potente y que hay veces que no le sacamos el jugo a eso, más que para ver cuántos followers tenemos y para ver si le va bien o mal a una serie”.

Esa necesidad de mirar más allá de la pantalla lo ha llevado también hacia el terreno documental, una faceta que actualmente ocupa un lugar importante en su vida. “Hoy me emociona estar haciendo lo que estoy haciendo, que es rodando documentales y tener la posibilidad de ver una serie que rodamos con un nivel de calidad… y uno se siente orgulloso del trabajo que hizo”, cuenta Brown. Y completa la ecuación con algo que lo ha acompañado desde hace tiempo: “Y me emociona viajar. Eso es lo que creo que son mis tres pilares en la vida hoy”.

A lo largo de tres décadas de trayectoria, inevitablemente también ha cambiado su manera de relacionarse con la profesión. “Me doy cuenta de que a veces cambia la paciencia, que cambia la manera de por qué elijo lo que hago”, explica. Esa evolución lo ha llevado a ser más selectivo con aquello a lo que decide dedicar su tiempo.

“Necesito que el proyecto, la película, la serie o el documental tenga algo que me empuje a hacerlo, que no sea sólo por la plata, por la plataforma o por el empuje de la serie, sino que encuentre otro sentido”.

Pero mientras algunas cosas se transforman, otras permanecen. Entre ellas, asegura, está su esencia: “Lo que sigue permaneciendo intacto creo que es mi esencia y mi manera de disfrutar este trabajo y de no comerme ningún cuento. Creo que eso sigue permaneciendo igual, mi espíritu como persona”.

Una manera de entender la profesión que comenzó a construir desde muy joven y que tiene también un origen familiar. “Trabajo desde muy chiquito en esto, desde los 17 años, y me acuerdo que mi papá, que es actor, me decía para empezar: ‘No te comas el cuento y entiende que esto es un oficio’. Y entendí esto como tal, es un oficio”.

Mantener cierta distancia entre la actuación y su identidad personal no significa que algunos personajes no hayan dejado huella. Cuando mira hacia atrás, Brown reconoce tres que marcaron momentos particulares de su recorrido. “Creo que uno fue Molina, de Señor Ávila, en una serie que hice en HBO. Era el primer personaje donde tuve la posibilidad de salir del rol que siempre venía haciendo. Y después hubo un personaje en una serie que se llama Pálpito, que fue una serie muy querida por el público, en una plataforma como Netflix. Y después hubo otro, Pedro Alvarado, en la serie de Cortés, donde tuve que interpretar un personaje que no hablaba mi lengua, que no tenía mi tono de voz y que no tenía mi corporalidad”.

Cada uno le permitió entrar en universos distintos y alejarse de lugares que ya conocía. Porque, aunque un personaje ocupa únicamente un periodo determinado en la vida de quien lo interpreta, construirlo implica imaginar una existencia completa y habitarla el tiempo suficiente para descubrir aquello que puede dejar detrás.

Cuando se trata de decidir qué sumar a su trayectoria, Brown reconoce una brújula mucho menos racional: el feeling. Su intuición le permite entender qué necesita priorizar en cada etapa. “Creo que hay momentos en la vida de un actor donde prioriza el dinero, hay momentos donde prioriza la carrera, donde prioriza estar en una plataforma y que te vean, momentos donde prioriza contar lo que querés contar, como estoy en este momento ahora, y tener ganas de montarme a una moto y rodar un documental durante 20 días perdido en la montaña”.

Es justamente en este momento donde aparece una nueva inquietud: contar historias reales.

“Creo que empecé a tener la necesidad de contar historias reales”, explica al hablar de su incursión en el documental. “Pues acabo de estrenar hace tres meses un documental para History Channel, que es un documental que se llama Parceros, que habla sobre una fundación que recluta a chicos de la comuna, del crimen organizado y de la prostitución.”

A este proyecto se suma Sin Retorno, realizado junto a su esposa y construido desde una experiencia completamente distinta. “Es un documental que hice con mi esposa, donde atravesamos media Colombia en moto, entendiendo cuáles eran las necesidades realmente urgentes que tenemos que contar”.

La ficción, sin embargo, continúa presente. “Y después rodé dos series que quiero mucho. Una se llama La ley de Alicia, que es una serie sobre abogados que resuelven diferentes casos como si fueran unitarios, y después estrenamos El Círculo, que creo que es una de las cosas de las que más orgulloso estoy a nivel laboral”.

Sobre esta última, añade: “Es una serie que hicimos con Raúl Briones, Osvaldo Benavides y con Zuria Vega, que la produce Lemon para Netflix. Y es una historia que creo que recrea una realidad de cosas que vienen sucediendo en México, relacionadas al periodismo, a la política y a la historia de cuatro amigos”.

Aunque los formatos sean distintos, detrás de estas elecciones parece existir una misma inquietud: utilizar el alcance que ha construido durante años para dirigir la mirada hacia historias que considera importantes.

“Siento que nosotros, los actores, tenemos un spotlight y un foco que nos sigue, que puede servir para lo que sirve o podemos girar ese foco e iluminar estos lugares oscuros y darles luz y presencia”.

Después de tantos años de trabajo, su propia definición del éxito también se ha transformado. Hoy la entiende desde un lugar que tiene mucho menos que ver con una pantalla.

“Para mí el éxito está ligado a algo completamente alejado de lo laboral. Creo que ése es un éxito que se te puede ir entre los dedos y no te diste cuenta. Y para mí el éxito tiene que ver con la vida, con estar hablando hace 10 minutos de organizar un viaje con mi mujer para atravesar en moto de Francia a Portugal por la sierra. Ese viento en la cara y ese momento, ése es el verdadero éxito”.

Quizá sea precisamente ahí donde se entiende mejor la etapa que atraviesa Brown. El reconocimiento profesional existe, pero ya no parece suficiente para definir una vida exitosa. Su atención está también en aquello que ocurre cuando las cámaras se

apagan: los viajes, su relación de pareja, las experiencias y la posibilidad de seguir encontrando algo que lo conmueva.

La pandemia representó un punto de inflexión en esa búsqueda.

La pandemia también llevó a Brown a cuestionarse cómo separar aquello que experimenta a través de sus personajes de lo que sucede en su propia vida. Fue durante ese periodo, y a partir de la terapia, cuando comenzó a prestar mayor atención a la manera en que procesaba emocionalmente su trabajo.

“Para mí la pandemia fue un punto en mi vida donde hubo muchos quiebres y empecé a ir a terapia. El terapeuta me decía: ‘No entiendo cómo ustedes los actores están bien’… Es muy fácil como actor decir: ‘Ok, voy a hacer que al personaje le pase esto’, pero al alma y a la cabeza uno no sabe cuándo le estás mintiendo y estás evitando el dolor, la pasión, la locura. Entonces mi terapeuta me decía: ‘No sé cómo decirte que le pongas orden a eso. Lo que yo te recomiendo es que cada vez que termines de hacer un trabajo que te apasione, hagas algo que te emocione y que te guste’”.

Brown encontró su propia manera de llevar ese consejo a la práctica.

“La actuación me apasiona, pero me emociona y me gusta montarme en una moto y perderme en el país más extraño del planeta. Entonces trato de tener un poco este equilibrio y después ver hasta qué punto las cosas te afectan”.

Ese equilibrio adquiere todavía otra dimensión ahora que su trabajo documental lo coloca frente a personas e historias reales. Ya no se trata de personajes escritos en un guion, sino de vidas que continúan una vez que la cámara deja de grabar. Con ello aparece también una responsabilidad distinta.

“Me di cuenta de que estoy trabajando con personas que están vivas, que tienen historia, tienen un pasado, y que hay un punto en el que yo puedo pinchar ese globo para escuchar la historia. Y hay un punto donde no conviene, donde uno tiene que ser responsable también y entender qué quiere contar y de qué manera afecta eso a la persona que lo está contando”.

Más allá de las pantallas, los personajes y las historias que decide contar, Michel Brown parece encontrarse en un momento en el que la búsqueda ya no consiste únicamente en hacer más, sino en encontrar significado en aquello que elige hacer. Entre la actuación, los documentales, los viajes y su vida personal, continúa construyendo un camino propio, guiado por la curiosidad y, sobre todo, por aquello que todavía consigue emocionarlo.

Quizá ahí se encuentre la verdadera constante de una trayectoria que no deja de transformarse: seguir descubriendo nuevas historias, nuevos lugares y nuevas razones para mantenerse en movimiento.

Editor en Jefe Johny López @bienfufurufo

Fotografía Antonio y Daniel @antonioydanielphoto

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