ANA ELENA MALLET
Las poéticas del barro y la cerámica mexicana
“Para mí, los museos son lugares donde aprendemos, donde gozamos y que siguen conectándonos con nuestro pasado; no de una manera nostálgica, sino para proyectarnos hacia el futuro y entender de dónde venimos”.
—Ana Elena Mallet
Todos tenemos en nuestros hogares un jarrito, la vajilla de la abuela o algún utensilio de barro o cerámica. Cada uno de ellos guarda recuerdos y belleza, pero también nos habla de una multiculturalidad global que, con el paso de los años, ha evolucionado: desde las vasijas de las primeras civilizaciones hasta increíbles piezas actuales de valor artístico, gracias a su técnica, diseño e innovación.
En esencia, esta es la tesis de la exposición Barro y cerámica en México: Poéticas de lo utilitario, curada por Ana Elena Mallet y Juan Rafael Coronel Rivera en el Palacio de Cultura Banamex – Palacio de Iturbide.
Con aproximadamente 700 piezas y conjuntos de 109 ceramistas, talleres y estudios de diseño, la exposición está articulada en 24 núcleos temáticos que se alejan de las categorías convencionales. La muestra plantea una lectura integradora que desdibuja las fronteras entre arte, artesanía e industria, revelando a la cerámica como un campo dinámico donde se cruzan saberes técnicos, procesos históricos y exploraciones estéticas.
Antecedentes de la exposición
Ana Elena Mallet, reconocida curadora independiente especializada en diseño moderno y contemporáneo, reveló para Percha Magazine que los antecedentes de esta exposición pueden rastrearse hasta sus primeras colaboraciones con Juan Rafael Coronel Rivera, con quien lleva cerca de 20 años trabajando.
En 2009 realizaron la primera exposición de mobiliario de diseño mexicano del siglo XX. Más tarde, en 2012, presentaron Artificios. Plata y diseño en México 1880-2012 y, en 2016, le siguió El arte de la indumentaria y la moda en México 1940-2015.
Al concluir estos proyectos, desde Fomento Cultural Banamex les preguntaron qué les gustaría hacer después. Fue entonces cuando surgió la posibilidad de volver a colaborar. Ana Elena considera a Juan un gran conocedor y coleccionista de barro prehispánico e indígena, además de un viajero con una amplia mirada sobre estas expresiones.
Las primeras conversaciones alrededor del proyecto surgieron entre 2018 y 2020, aunque la exposición no logró concretarse sino hasta cuatro años después.
Durante ese tiempo investigaron, visitaron talleres por toda la República y realizaron entrevistas y reuniones por videoconferencia. Paralelamente, la cerámica comenzó a adquirir una creciente relevancia en la sociedad, algo que despertó una curiosidad inesperada en Ana Elena. Descubrió la existencia de un verdadero boom de la cerámica que era necesario poner en el mapa, además de un importante número de artistas contemporáneos que trabajan con este material desde una perspectiva más artística, dominando la técnica para después transgredirla y crear nuevas formas.
Discurso expositivo
Mallet revela que lo primero que buscaron fue construir dos discursos —entre la herencia y el presente del barro y la cerámica— que por momentos se encuentran. De ahí que la museografía se asemeje a una serpiente que dialoga a través de dos líneas paralelas: de pronto se curva, sale y vuelve a entrar. Otro de los criterios fundamentales de la investigación fue que las piezas fueran utilitarias y no escultóricas.
“A Juan lo que le interesaba era que no se había hablado de las exposiciones de cerámica indígena y que no había nada nuevo bajo el sol, sino que muchas de las formas, tradiciones y maneras de trabajar el barro en México habían abrevado de otros lugares, como China y Europa”.
—Ana Elena Mallet
La curadora explicó que México posee una larga tradición de intercambio comercial con el mundo desde los siglos XV y XVI. Los objetos que llegaban al territorio circulaban y eran reinterpretados por distintas comunidades nativas, tanto en sus formas como en sus acabados y usos. Esto demuestra que diversas culturas del mundo han influido en la cerámica mexicana y que nada es completamente nacional o exclusivamente mexicano.
“Las comunidades indígenas estaban viendo hacia afuera, estaban viendo los objetos que llegaban. Yo lo que quise hacer era hablar de la cerámica del siglo XX, de las influencias europeas, no hacer unos antecedentes de la talavera, la mayólica o la Compañía de Indias, como le decimos popularmente”.
—Ana Elena Mallet
La aportación de Mallet se centra en exponer cómo las fábricas europeas se instalaron en México y dieron origen a las primeras fábricas de cerámica a principios del siglo XX, inicialmente a través de técnicas europeas que, poco a poco, derivaron en interpretaciones mexicanas y se adaptaron al gusto de la población local.
Su misión con esta exposición es mostrar la cerámica como un lenguaje artístico, desde el momento en que comenzó a asumirse como una disciplina y a enseñarse en escuelas entre las décadas de los sesenta y los setenta, hasta llegar a las exploraciones que hoy suceden en el terreno del arte.
Esta visión se concentra en una de las secciones de la muestra, denominada Polifonías, donde se reúne una importante cantidad de trabajos realizados por diseñadores contemporáneos y ceramistas.
“Fui muy cercana a don Alberto Díaz de Cossío, quien fundó en los sesenta el Taller de Cerámica Experimental, y él era un sibarita y formalista. De pronto, toda esta generación aprende la técnica de la cerámica y luego la explota, ignorando todas sus reglas. Empiezan a trabajar con pintura de coche y esmaltes que no tienen que ver con la cerámica formal, dando como resultado formas increíbles para hablar de la frontera o de cruzar la línea en Tijuana, por ejemplo”.
—Ana Elena Mallet
Dentro de estos discursos, la vasija se convierte en el corazón de la cerámica tradicional y contemporánea. El contenedor, por llamarlo de alguna manera, funciona como el hilo conductor de la exposición: todo lo que vemos son vasijas, ya sean grandes, pequeñas, derretidas o torcidas, así como algunas jarras que, de una u otra forma, no dejan de ser contenedores.
La poesía de volver al origen
Al entrar a la exposición, el piso se suma al discurso del barro. Losetas cuadradas de barro rojo dispuestas a lo largo del espacio contribuyen a construir una experiencia integral para el visitante, quien se encuentra rodeado de piezas hechas a mano.
Sí, otro de los criterios que Ana Elena y Juan Rafael Coronel Rivera establecieron para esta exposición fue que todas las piezas fueran elaboradas manualmente.
“A mí me interesaba que fueran diseñadores que son ceramistas, que saben trabajar la técnica de la cerámica, que saben usar el horno y los esmaltes; no diseñadores industriales que mandan a hacer las piezas con un taller de cerámica”.
—Ana Elena Mallet
De esta forma, la exposición construye una narrativa en torno a volver al origen, a la tierra, a trabajar con las manos y a entender el material y sus distintos usos. Moldear y manipular el barro pudo haber dado paso a uno de los primeros objetos de la humanidad, una idea sobre la que teoriza la curadora: algo tuvieron que diseñar, aunque fuera en tierra y sin cocer, para contener sus granos y poder desplazarse de un lugar a otro, incluso en el caso de las tribus nómadas.
Ana Elena nos hace entender que, a través del barro y la cerámica, es posible conocer una cultura. Los tamaños y la ergonomía de los objetos nos hablan de cómo se utilizaban las manos, de la manera en que se almacenaban los alimentos y de cómo evolucionó el gusto de las poblaciones, ya fuera a través de la decoración o de la ausencia de ella.
Ana Elena Mallet comparte que, durante el tiempo que duró la investigación, en su propio vecindario, la Condesa, se abrieron aproximadamente cinco talleres de cerámica en una sola cuadra: espacios que ofrecen clases y también venden objetos. A primera vista, esto representa ya un cambio importante, confiesa, pues anteriormente, si quería comprar una pieza de cerámica, tenía que trasladarse hasta Coyoacán o visitar algún taller especializado.
“Yo lo empecé a ver en mi barrio, pero lo mismo ocurre en distintas partes de la ciudad y en otros estados. Fue muy sorprendente para mí Xalapa, Veracruz. Está lleno, lleno de ceramistas; conté más de 200 talleres con muchísimo talento y compromiso, pero no es tan visible. Lo mismo me pasó con Tijuana. En general, fue muy sorprendente entender los distintos usos de la cerámica y su enseñanza hoy en día”.
—Ana Elena Mallet
¿Dónde encuentra Mallet la poesía en lo utilitario de la cerámica? Antes de terminar la entrevista, esta pregunta permanecía en el aire. De manera sincera y dispuesta a despejarla —como ocurrió con todas las anteriores—, respondió:
“A mí me parece que lo que estamos comparando son dos poéticas, dos maneras de hacer desde la metáfora: la parte indígena y popular con la parte moderna y contemporánea. Además, muchos de estos diseñadores están utilizando símbolos y metáforas para recrear una vasija, y eso lo vemos en los dos recorridos que presenta la exposición”.
Para dimensionar y comprender esta historia, los invitamos a visitar la exposición. Aquí les compartimos los datos que necesitan saber:
Ubicación: Palacio de Cultura Banamex – Palacio de Iturbide, Madero 17, Centro Histórico, Ciudad de México.
Fechas: Del 30 de abril al 13 de septiembre de 2026.
Horario: Lunes a domingo, de 10:00 a 19:00 h.
Entrada: Gratuita.
Retratos por Fernanda Roel @fernandaroel
Imágenes II-V: Fotografías por Juan Ramón Hernández @juanr.hm