Diles que no me maten
Una contemplación dentro de la música
En el espacio que existe entre lo musical y lo psíquico surge Diles que no me maten, una banda nacida del encuentro espontáneo de cinco individuos en la Ciudad de México. En su sonido habita una identidad particular que transita por distintos universos y se resiste a una definición única. Con influencias del rock experimental, la psicodelia, el krautrock y el post-punk, la agrupación se mueve desde una sensibilidad propia que la ha llevado a recorrer escenarios alrededor del mundo.
Hoy, el lanzamiento de su nuevo álbum, Escrito en agua, acompañado de una gira internacional, marca una nueva etapa de exploración sonora y personal. En conversación con dos de sus integrantes, Jonás Derbez y Andrés Lupone, descubrimos una profundidad que trasciende lo estrictamente musical para adentrarse en la creación, la identidad y aquello que permanece cuando la música deja de sonar.
La historia de Diles que no me maten también se construye a partir del vínculo familiar entre los hermanos Raúl y Gerardo Ponce, quienes aportan, principalmente, desde la batería y el sintetizador. “Ellos son como el corazón de la banda”, dice Jonás. Sin embargo, es en el encuentro de los cinco integrantes y sus distintas aproximaciones al sonido donde la esencia del proyecto termina por tomar forma.
“Al final, Diles es una consecuencia de cinco gustos muy distintos llegando a un punto medio sin ponerse de acuerdo. Cada quien aporta cosas musicales muy distintas, pero eso es lo que hace que la banda no tenga un sonido específico o que no nos relacionen con un solo género”, cuentan.
Es precisamente esta pluralidad la que ha convertido al proyecto en un espacio de libertad para sus integrantes: un lugar donde cada personalidad puede manifestarse sin pretender ser algo distinto y donde lo colectivo se construye a partir de las diferencias.
“La puerta estaba abierta para que quien quisiera hiciera lo que quisiera. Eso fue lo que nos hizo quedarnos, porque ninguno de nosotros pensó en este proyecto como algo a largo plazo. Sólo era algo que estaba sucediendo en ese momento, pero había tanta libertad y todo el mundo estaba dispuesto a hacer lo que fuera musicalmente”, explica Andrés.
Con los años, aquello que comenzó casi de manera espontánea terminó convirtiéndose en algo mucho más duradero: un espacio donde cada integrante puede explorar lo individual a través de lo colectivo.
Su nombre, uno que inevitablemente despierta curiosidad, encuentra inspiración en la literatura. El cuento ¡Diles que no me maten!, de Juan Rulfo, narra las últimas horas de un viejo campesino condenado a muerte por un crimen cometido 35 años atrás. Para la agrupación, sin embargo, el primer vínculo con la obra surgió simplemente de la fuerza de su título. “Creo que lo tomamos sin saber qué representaba ese título. Sólo nos llamaba muchísimo la atención. Poco a poco ha adquirido más significado para nosotros y se ha convertido en una manera de verlo”, cuentan.
Con el paso del tiempo, ese nombre ha adquirido nuevos significados hasta convertirse en algo propio. Una apropiación que, de alguna manera, refleja también su forma de crear: partir de distintas referencias para terminar construyendo un lenguaje que les pertenece.
Cada disco representa entonces una oportunidad para profundizar en ese lenguaje desde una sensibilidad diferente. No existe una intención por repetir una fórmula; por el contrario, cada lanzamiento parece responder al momento que atraviesan sus integrantes.
“Todos los discos tienen la ambición de ser algo distinto, y eso es un reflejo de la época en la que estamos y de la edad que tenemos”, explica Andrés.
Su discografía puede entenderse así como un registro de transformación: distintas etapas creativas atravesadas por lugares, encuentros y maneras de aproximarse a la composición.
“En el primero, al principio no sabíamos muy bien qué estábamos haciendo y fuimos con Hugo Quezada a la San Rafael, en el Progreso Nacional. Él nos enseñó muchísimo a componer, a estructurar y a trabajar con el tiempo en las grabaciones. Fue la primera vez que veíamos sintetizadores de todo tipo, porque él tiene de todo. Para el segundo disco ya teníamos mucho más claro qué queríamos hacer con el sonido que él podía aportar con su estudio, y fue una relación muy chida, muy simbiótica entre los dos. Para el tercero decidimos irnos a un estudio que nosotros pudiéramos montar con una consola. Nos prestaron una casa en Xalapa, la gente del Teatro Lúcido, y era una casa mágica, bellísima, en medio de la naturaleza. Este disco fue más apurado y también mucho más planeado. Teníamos el tiempo y el momento para hacerlo y, por lo mismo, fue un disco de una naturalidad más estructurada”.
Hoy, ese recorrido desemboca en Escrito en agua, un álbum donde la serenidad adquiere un lugar central. “La frase viene de la tumba de John Keats, que dice: ‘Aquí yace un poeta cuyo nombre está escrito en agua’. Y no dice el nombre. Era como querer dejar atrás su nombre y, al mismo tiempo, dar la tranquilidad de que ya todo pasó”, cuentan.
A partir de esta idea, la muerte aparece en el disco no necesariamente desde la pérdida, sino desde la aceptación. La tranquilidad deja de entenderse como la ausencia de agitación para convertirse en la conciencia de que todo tiene un principio y un final, incluida la propia existencia.
“Es un poco como llegar a la paz, llegar a estar en paz con la impermanencia de las cosas. Así es como puedes aceptar tu muerte y la de tus seres queridos”.
La libertad que cada integrante encuentra dentro del proyecto es también uno de sus mayores desafíos. Trabajar en conjunto implica aprender a ceder, escuchar y aceptar que una idea propia no necesariamente es mejor que la del otro. “Es un ejercicio de tolerancia y paciencia”, cuentan.
La creación florece entonces a partir de la conversación. Para Jonás, la clave está en preguntar qué piensa el otro, qué siente y permitir que esas respuestas modifiquen el camino. El diálogo se convierte en el lugar donde distintas personalidades comienzan a encontrarse hasta construir algo que sólo podría existir a partir de las cinco.
Y quizá sea ahí donde mejor se resume el carácter de Diles que no me maten. Cuando intentan definir aquello que esperan provocar con su música, aparece una palabra: serenidad.
“Un poco de calma después de la tormenta”, dicen.
Al final, ellos mismos encuentran un refugio en la creación de sus canciones y esperan que quien las escuche pueda encontrar también algo parecido.
Pero ¿qué ocurre cuando la música deja de sonar? Lo que permanece, para ellos, es la reflexión.
“Yo siempre pongo en todas partes una frase que no es mía, que es ‘Meditación de cráneo roto’, un poema que me gusta mucho, Híkuri, de José Vicente Anaya”, comparten.
La imagen de una “meditación de cráneo roto” evoca un estado de percepción alterada: una experiencia que funciona casi como una alucinación y, al mismo tiempo, como una puerta hacia el interior. Quizá algo similar permanezca en el aire cuando Diles que no me maten deja de sonar: un instante en el que el ruido se detiene, aparece la distancia y es posible observar las cosas desde otro lugar.
Diles que no me maten habita precisamente en esa posibilidad: transformar el ruido en contemplación, las diferencias en un lenguaje compartido y la incertidumbre en creación. Después de años de exploración, la banda continúa construyéndose desde lo colectivo sin renunciar a aquello que hace único a cada uno de sus integrantes.
Escrito en agua se convierte así no sólo en un nuevo capítulo musical, sino también en una pausa para mirar hacia adentro, aceptar aquello que inevitablemente cambia y encontrar, en medio de todo, un lugar de calma.
Editor en Jefe Johny López @bienfufurufo
Fotografía Gilberto Meneses @gilbertorex
Director Creativo Edu Espejo @edu.espejo
Styling Ruth Buendia @ruthbuendia
Grooming Kariana Martínez @karianamua para Hot Tools y Revlon Cosméticos.
Asistentes Styling Luisa Aguirre @luisaaguirre.lu & Robe Jafet Vázquez @robejafet
Asistente de Coordinación Isa Vázquez @isavazquezm_
Agradecemos a Roso Guest House @rosoguesthouse las facilidades otorgadas para el uso de sus instalaciones.