Habitar el presente

De la mano de Rado, Erik Hayser reflexiona sobre dominar el tiempo sin perder la esencia
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Dentro del marco del Abierto Mexicano de Tenis en Acapulco, conversamos con Erik Hayser, gran amigo de Rado, para adentrarnos en su mirada sobre el tiempo, el lujo y esas transiciones que marcan tanto la vida personal como la profesional.

En una atmósfera donde convergen el deporte de alto nivel, la precisión relojera y el lifestyle contemporáneo, la conversación fluyó hacia un mismo eje: el tiempo. Para Erik, no es solo una unidad de medida, sino una filosofía de vida. Se identifica plenamente con la idea de dominarlo, aunque no desde la prisa, sino desde la conciencia. Hoy, nos comparte, el tiempo lo es todo. La vida pasa en un instante y estamos aquí apenas un suspiro; por eso lo valora profundamente. Entiende que lo verdaderamente importante no se construye de inmediato, sino a través del aprendizaje, la disciplina, el esfuerzo y ese camino largo que implica hacer algo bien y hacerlo con intención. En su vida personal y profesional, el tiempo es fundamento y estructura.

En una industria donde la inmediatez dicta el ritmo y la ambición suele medirse en resultados rápidos, ha aprendido a poner un freno de mano cuando es necesario. Con los años, nos dice, ha entendido que todo lo que importa conlleva un proceso. Lo inmediato se consume con la misma rapidez con la que aparece; lo que perdura, en cambio, es aquello que se forja a lo largo de los años. Su brújula es la conciencia, recordarse constantemente que el proceso vale tanto como el resultado.

Hablar de lujo en este contexto inevitablemente nos lleva al presente que vive en Acapulco. Para Erik, el verdadero lujo es el privilegio de estar aquí, presenciando a los mejores tenistas del mundo y viendo a México recibir a figuras de talla internacional en uno de los torneos más relevantes del circuito. Pero el lujo también es compartir este momento con una marca que ama y respeta, y que representa no solo parte de su identidad, sino el espíritu con el que ha construido su carrera. Hay, además, una conexión íntima: ese sueño de infancia en el que alguna vez imaginó ser tenista. El torneo se convierte así en un punto de encuentro entre pasiones personales, relojería y estilo de vida.

Lejos de vivir pendiente del reloj, Erik se asume como un soñador empedernido. Cuando algo lo apasiona, el tiempo simplemente desaparece. Se entrega por completo al instante, celebrando esa sensación de perder la noción de las horas cuando está haciendo lo que ama.

Y si tuviera que definir el momento que atraviesa, lo resume con claridad y emoción: sonrisa, gratitud y un profundo amor. Tres palabras que condensan el pulso de esta conversación y el estado emocional desde el que hoy habita su vida.

En un mundo que avanza cada vez más rápido, la conversación con Erik Hayser nos recuerda que el verdadero lujo está en saber vivir el tiempo con intención. Entre la precisión de la relojería, la emoción del deporte y la energía de Acapulco, queda claro que no se trata de correr, sino de construir con paciencia, disfrutar el proceso y agradecer el presente.