Calvin Klein Primavera 2027: quitarlo todo para quedarse con el deseo

Veronica Leoni depura los códigos de Calvin Klein en una colección que explora el minimalismo americano desde el cuerpo, las proporciones y una nueva sensualidad.
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Cuerno Nueva York

Nueva York puede ser muchas cosas, menos minimalista. Y quizá por eso resultó especialmente interesante que, en medio de una Fashion Week acostumbrada al ruido, los invitados y la búsqueda constante del siguiente momento viral, Calvin Klein decidiera hacer prácticamente lo contrario: quitar.

 

Para Primavera 2027, Veronica Leoni continúa definiendo el lenguaje de Calvin Klein Collection desde una de las ideas que históricamente han acompañado a la casa: el minimalismo americano. Esta vez no como un ejercicio de nostalgia ni como una reproducción de los códigos que hicieron reconocible a la firma durante décadas, sino como una disciplina de reducción llevada directamente hacia el cuerpo.

 

La idea detrás de la colección comienza con eliminar aquello que no resulta necesario hasta llegar a la esencia. Leoni traslada ese principio a la relación entre una prenda y quien la lleva, dejando que sean las proporciones, los materiales y la silueta los que construyan el mensaje. Después de remover el exceso aparece algo mucho menos racional y bastante más interesante: el deseo.

El punto de partida son algunas de las piezas fundamentales del guardarropa de Calvin Klein: el abrigo, la camisa, la sastrería, el pantalón, la falda lápiz y el slip dress. Es un vocabulario conocido que cambia al modificar sus proporciones. Algunas siluetas se vuelven largas y estrechas, otras regresan a la cintura y ciertas prendas aumentan considerablemente de volumen sin perder la limpieza que atraviesa toda la colección.

 

La sastrería resume bien ese ejercicio. Hay construcciones delgadas y estructuradas realizadas en algodón y lana ligera, además de un traje de algodón de tres botones llevado con la soltura de una camiseta. En otros momentos, los hombros adquieren mayor amplitud y permiten superponer prendas. La formalidad permanece, pero pierde rigidez y se acerca a una manera mucho más despreocupada de vestir.

 

Algo parecido sucede con los vestidos. Los slip dresses y las siluetas inspiradas en una t-shirt llegan hasta los pies y adquieren volúmenes cercanos a los de un camisón. Es una manera de volver sobre esa conversación entre ropa interior, comodidad y sensualidad que Calvin Klein conoce especialmente bien, pero sin depender de una lectura evidente del archivo.

 

Y aunque la colección parte del minimalismo, eso no significa quedarse únicamente en blanco y negro. La paleta introduce rojo escarlata, amarillo brillante, azul royal, cereza y citron claro. Las camisetas aparecen en tejidos de seda ultrafinos, mientras que las camisas de béisbol se reinterpretan mediante bloques de color confeccionados en cady de seda. Denim, piel, gamuza cortada con láser y pequeños destellos que recuerdan a la ropa interior completan un guardarropa en el que la sencillez nunca termina de convertirse en austeridad.

Dentro de este ejercicio aparece también Georgia O’Keeffe. El guardarropa de la artista estadounidense y su manera de construir una imagen personal a partir de formas depuradas, repetición y una enorme precisión al vestirse fueron una de las referencias de la temporada. Más que seguir tendencias, O’Keeffe convirtió su ropa en una extensión de su identidad, una aproximación que encuentra un eco natural en la propuesta de Leoni. Incluso uno de los estampados de cuadros de la colección toma como referencia su guardarropa.

 

Los accesorios también juegan con esa tensión entre funcionalidad y gesto. Diademas metálicas llevan el cabello hacia atrás, las mascadas caen fluidas terminadas en punta y los bolsos crecen en proporción. Algunos conservan formas estilizadas y estructuradas, mientras otros se sienten más suaves y relajados. Entre ellos aparece además una nueva silueta triangular que recuerda a la construcción geométrica del origami.

 

Pero para entender por completo el desfile también había que mirar alrededor de la ropa. Calvin Klein eligió Terminal Warehouse en Nueva York, un enorme edificio industrial de ladrillo construido en 1891 y convertido en uno de los puntos reconocibles de la arquitectura industrial de la ciudad. En lugar de ocultar el espacio para construir una pasarela completamente nueva, su arquitectura formó parte del relato.

 

En el interior se instalaron tres esculturas de suelo de Walter De Maria a lo largo del recorrido, haciendo que tanto los modelos como los asistentes se desplazaran alrededor de las obras. La elección establecía un diálogo natural con la colección. De Maria fue una de las figuras fundamentales vinculadas al minimalismo estadounidense, y conceptos como repetición, geometría, material y espacio encontraban correspondencias en la manera en la que Leoni había construido la ropa. La incorporación de las piezas, realizada con la participación del curador Antwaun Sargent, consiguió que el arte no funcionara únicamente como escenografía, sino como otra manera de hablar del mismo concepto.

La música siguió esa lógica. Kid Harpoon creó la banda sonora del desfile incorporando las voces de Laurie Anderson y Solange sobre una composición de figuras melódicas continuas y repetitivas. Así, desde la ropa hasta el espacio, las esculturas y el sonido, prácticamente todo alrededor de la presentación respondía a una misma intención.

 

La contención, eso sí, terminó al llegar a la primera fila. ROSALÍA, Teyana Taylor, Tate McRae, Sadie Sink, Solange, Emily Ratajkowski, Pamela Anderson, Gemma Chan y Katie Holmes estuvieron entre los asistentes, junto con distintas figuras del arte, la música, el cine y la moda. El propio Calvin Klein también estuvo presente, un detalle especialmente simbólico mientras otra generación continúa reinterpretando un lenguaje que comenzó a construirse hace décadas.

 

Primavera 2027 resulta interesante precisamente porque Veronica Leoni no parece interesada en demostrar que puede hacer minimalismo simplemente porque trabaja para Calvin Klein, ni en reconstruir una versión idealizada de los años noventa. En cambio, toma algunas de las ideas más reconocibles de la casa y se pregunta qué pueden significar ahora.

 

Después de décadas en las que “menos es más” terminó convertido casi en un cliché, aquí reducir tiene otro propósito. Significa prestar mayor atención a una proporción, sentir un material, reconocer el cuerpo o permitir que una camisa, un vestido o un traje tengan suficiente personalidad sin necesitar demasiadas explicaciones. Entre Georgia O’Keeffe, Walter De Maria, la arquitectura industrial de Manhattan y un guardarropa llevado hasta sus elementos esenciales, el minimalismo vuelve a sentirse como algo que puede provocar.

Leoni comenzó quitando ornamento, exceso y todo aquello que consideraba innecesario, pero el resultado está lejos de sentirse vacío. Quedan el cuerpo, la ropa y esa tensión entre cubrir y revelar que Calvin Klein siempre ha sabido convertir en parte de su identidad. Y quizá ahí está la mejor manera de entender esta colección: cuando ya no queda nada más que quitar, todavía permanece aquello que no necesita demasiadas explicaciones, el deseo.

Imágenes cortesía.