Galería Ana Tejeda & Loco Tequila

Una exposición que abre conversación sobre género y poder, acompañada por la cocina de Migrante y una obra de arte líquida
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Cuerno Nueva York

En el marco de la Semana del Arte en Ciudad de México, la Galería Ana Tejeda se convirtió en un punto de encuentro donde el arte no solo se contempla, sino que se conversa y se vive. Bajo la exposición colectiva todas las cosas se mezclaron con las palabras: objetualidad, textualidad, género y poder, la galería reafirma su compromiso de visibilizar a mujeres artistas que, a través de su obra, abren discusión, alzan la voz y ponen sobre la mesa temas incómodos que necesitan ser nombrados.

Curada por Karen Cordero Reiman, la muestra reúne el trabajo de Deborah Castillo, Marianna Dellekamp, Carmen Mariscal, Yohanna M. Roa, Teresa Serrano y Marina Vargas, quienes desde distintas disciplinas reflexionan sobre la relación entre objetos, lenguaje y cuerpo. La exposición articula lo personal con lo político y cuestiona cómo palabras y cosas operan como dispositivos de poder, memoria y resistencia, invitando a replantear nuestra lectura de lo cotidiano.

Galería Ana

En Percha tuvimos la oportunidad de conocer la exposición a través de una experiencia guiada que amplificó su discurso. La conversación se extendió alrededor de la mesa en una cena concebida por el chef Fernando Martínez, mente creativa de Migrante, reconocido por la Guía Michelin. Su propuesta gastronómica dialogó con las piezas exhibidas, explorando territorio, memoria y técnica en un recorrido sensorial que acompañó y expandió la narrativa curatorial.

La experiencia se fusionó con la presencia de Loco Tequila, que se integra como una “obra de arte líquida”. En especial, con la presentación de Loco Hierofante, concebido como una pieza tripartita que explora luz y sombra, lo visible y lo invisible, el tequila trasciende la categoría de destilado para posicionarse como objeto cultural y de colección, en sintonía con el universo conceptual de la muestra.

Lo que se vivió en la Galería Ana Tejeda fue más que una inauguración: fue un ejercicio de diálogo entre disciplinas. Arte contemporáneo, gastronomía y destilado se entrelazaron para construir una experiencia donde la contemplación se volvió conversación y el sabor, un puente hacia la reflexión. Una noche que confirmó que el arte, cuando es valiente, no solo se mira: se siente, se discute y se comparte.