Las nuevas piezas de alta relojería de Gucci en Watches and Wonders 2026

G Timeless Métiers d’Art y Gucci 25H exploran el vínculo entre diseño, color y tradición
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Cuerno Nueva York

Hay casas que entienden la estética como un lenguaje, pero pocas la traducen con la naturalidad de Gucci. En el marco de Watches and Wonders, la firma presentó una lectura precisa de su universo creativo a través de cinco piezas de alta relojería que funcionan casi como ejercicios de estilo. Cuatro nuevas interpretaciones dentro de G-Timeless Métiers d’Art y una propuesta para Gucci 25H delinean un diálogo donde la técnica se vuelve narrativa y la forma, una extensión de su identidad visual. Más que relojes, se perciben como fragmentos de un mismo imaginario que encuentra en el tiempo otra manera de expresarse.

Dentro del imaginario de Gucci, las sedas y, en particular, los pañuelos han construido un lenguaje visual que hoy encuentra una nueva dimensión en G Timeless Métiers d’Art, donde cada pieza se convierte en un lienzo que traslada estos códigos al terreno de la alta relojería. Las cuatro creaciones, presentadas en cajas de 40 mm con correas de piel alligator, despliegan un ejercicio minucioso en el que técnicas de gran delicadeza dan forma a escenas íntimas, desde miniaturas pintadas a mano hasta composiciones intervenidas con plumas. En dos de ellas, la intervención de la plumista francesa Nelly Saunier introduce una dimensión casi etérea, aportando textura y movimiento. El resultado es una colección que se percibe como una oda al mundo natural, donde la vida salvaje parece cobrar vida sobre la esfera.

Gucci en Watches and Wonders

Hablando particularmente de los G Timeless de Gucci, la primera propuesta ofrece una interpretación precisa del icónico estampado Flora, concebido originalmente en 1966 por Vittorio Accornero, trasladado ahora a la esfera como un ejercicio de detalle y memoria visual. En el segundo modelo, la narrativa se desplaza hacia los archivos de la casa con una estética inspirada en los pañuelos de principios de los años ochenta, donde una esfera de esmalte blanco se convierte en el punto de partida para una composición delicada, acentuada por la presencia de diamantes que aportan luz y profundidad al conjunto, en la que además se aprecia una grulla perfilada en oro rosa que introduce un gesto sutil de movimiento y elegancia.

En la tercera pieza se reimagina un estampado proveniente de los años ochenta a través de un juego visual donde el degradado de plumas en tonos azules se funde con el nácar, creando una sensación de profundidad casi líquida; la caja en oro blanco, acentuada con diamantes, enmarca una escena vibrante en la que tucanes y follaje verde se despliegan en una paleta tropical, y la cuarta pieza encuentra su punto de partida en un pañuelo de finales de los años setenta, donde un tigre, pintado a mano, emerge entre un follaje frondoso, construyendo una composición cargada de detalle y movimiento que no solo se observa, sino que se recorre visualmente.

El Gucci 25H marca un nuevo momento dentro de esta narrativa al aparecer en una versión de 40 mm que reafirma su carácter arquitectónico con una presencia limpia y contundente. Para 2026, la pieza se transforma a partir de un juego cromático donde zafiros en tonos multicolor dibujan un degradado que recorre la caja, envolviéndola con una energía casi dinámica. Su perfil delgado contrasta con la complejidad que se revela en su interior, donde la estructura abierta permite que la luz interactúe con cada elemento. Rematada con una correa de piel de aligátor en azul profundo, la pieza se siente como un ejercicio de equilibrio entre forma, color y una visión contemporánea de la alta relojería.

Al final, elegir una de estas cinco piezas no es sencillo, cada una lleva el ADN de la casa de forma clara y contundente. El diseño se convierte en el hilo conductor, donde sus códigos se reinterpretan con una sensibilidad que eleva cada detalle dentro del universo de la alta relojería.

 

Imágenes Cortesía.