Está anocheciendo con Neithan Herbert

Memoria, oficio y movimiento toman Milano Fashion Week con Está anocheciendo en mi vida, la colección SS27.
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Cuerno Nueva York

Antes de que existiera la moda, estaba una manta. Neithan Herbert recuerda a su madre, Etelvina, cargándolo en la espalda mientras una tela blanca envolvía su cuerpo y convertía el exterior en sombras, luces suaves y formas casi irreconocibles. Años después, esa imagen regresa convertida en ropa y llega hasta Milán.

Neithan Herbert

Está anocheciendo en mi vida es el nombre de la colección Primavera/Verano 2027 con la que Neithan Herbert debuta en el calendario oficial de Milano Fashion Week. Son 34 looks, 23 de mujer y 11 de hombre, que existen justo en ese extraño momento en el que todavía no estamos dormidos, pero la realidad comienza a sentirse diferente. Ese pequeño espacio entre estar aquí y empezar a soñar se convierte en el lugar desde donde Herbert construye toda la colección.

La idea, sin embargo, no parte de la ropa de dormir. Parte de los gestos que hacemos casi sin pensarlo cuando llega la noche: cubrirnos, envolvernos, arrastrar una tela, acomodarla sobre la cintura o simplemente sostenerla contra la piel. En manos de Herbert, esos movimientos cotidianos se convierten en construcción. Hay prendas que parecen recién anudadas, otras que caen sobre el cuerpo y algunas más que dan la impresión de poder soltarse en cualquier momento.

 

La ropa envuelve, cae y se abre para dejar aparecer fragmentos de piel. Encaje y tul crean capas casi transparentes, el chiffon se mueve con el cuerpo, el satín atrapa la luz y la tafeta sostiene las formas más arquitectónicas. El cashmere entra como contrapunto, aportando peso frente a todo aquello que parece flotar. La colección se mueve constantemente entre dos extremos: proteger y mostrar, cubrir y revelar, sostener y dejar ir.

El color también tiene su propia hora. Todo comienza en blanco, como aquella manta de su infancia y como la última luz del día. Después aparecen reflejos dorados en metales y herrajes, hasta que la paleta comienza a oscurecerse en vino, rojo y finalmente negro. Look tras look, la pasarela funciona casi como un cielo que cambia frente a nosotros. Poco a poco, anochece.

 

Pero detrás de toda esa ligereza hay muchas manos. Plisados realizados uno por uno, fruncidos, drapeados y nido de abeja se trabajan manualmente en el taller de la firma en San Miguel de Allende, integrado por mujeres. Herbert no intenta esconder las pequeñas variaciones que deja el trabajo manual; al contrario, forman parte de las piezas y de una manera de entender el lujo donde la huella de quien hizo la ropa también merece permanecer visible.

Incluso el metal entra en esta conversación. El latón aparece en herrajes, joyería y objetos escultóricos trabajados a mano, con formas botánicas, referencias lunares y cuentas de rosario. Frente a las telas que se mueven y transforman, el metal permanece. Una especie de recuerdo sólido dentro de una colección construida alrededor de algo tan intangible como la memoria.

 

Y entonces está Etelvina. El desfile comenzó con ella al centro de la escena, soltándose el cabello y deshaciendo sus trenzas como parte de ese pequeño ritual que sucede antes de dormir. Su nieto Dante se acercó para retirarle las joyas, haciendo que los objetos pasaran simbólicamente de una generación a otra. A su alrededor estaban cinco mujeres del taller y una de ellas terminó de ajustar su vestido directamente sobre su cuerpo. De pronto, madre, nieto y las manos responsables de construir la ropa estaban compartiendo la misma pasarela.

 

La belleza siguió esa misma idea de prepararse para la noche. Medicube, Official Skincare Partner del show, acompañó la preparación de la piel, mientras Marco Castro llevó el concepto al maquillaje y Claire Moore al pelo, jugando con esa textura más libre que aparece cuando las trenzas se deshacen. El universo de la colección terminó de tomar forma con el styling de Stephania Yepes y el casting de Ignacio Murillo y Morgan Senesi.

Milán tampoco es un lugar nuevo para Herbert. En 2020 fue finalista de Milano Moda Graduate y seis años después regresa con la firma que construyó junto a su hermana y cofundadora, Anga Ruiz, desde San Miguel de Allende. Esta vez no solamente llevó ropa a la pasarela. Llevó consigo el taller, las mujeres que hacen las piezas, su madre y una memoria que comenzó mucho antes de pensar en la moda como moda.

Porque quizá Está anocheciendo en mi vida habla justamente de eso: de las cosas que permanecen cuando cerramos los ojos. Y de cómo, algunas veces, también podemos vestirlas.

Imágenes cortesía.