Petri Dress: el vestido que lleva los biotextiles a otra dimensión
Melina Ramírez explora nuevas formas de hacer moda a través de biotextiles y procesos naturales.
Cuerno Nueva York
Pensar en nuevas formas de vestir también implica preguntarnos de qué están hechas las prendas que usamos y qué sucede con ellas después. En ese territorio, donde el diseño se cruza con la biología y la experimentación, aparecen materiales capaces de replantear nuestra relación con la moda.
La exposición Biodiseño MX. Territorios vivos, que actualmente se presenta en el Museo Franz Mayer, abre precisamente esa conversación. La muestra invita a curiosear, aprender y reflexionar sobre las alternativas biosustentables que distintos estudios, talleres, diseñadores y artistas están desarrollando a partir de nuevas maneras de entender los materiales.
Entre los numerosos proyectos que forman parte de la exposición, para esta serie de entrevistas en Percha Magazine nos acercamos a tres propuestas que integran el desarrollo de biomateriales para crear textiles.
El primero fue Studio Hole, dirigido y fundado por Bertín López, quien trabajó en el diseño y confección de una especie de armadura blanda futurista hecha a base de rambután. La entrevista sobre este proyecto ya se encuentra disponible en Percha Magazine.
Ahora toca conocer el trabajo de Melina Ramírez, quien participa en la exposición con un vestido hecho de Gracilaria y celulosa bacteriana. Se trata del Petri Dress, una pieza que explora la intersección entre memoria, biología, tradición textil mesoamericana y materialidades sostenibles.
El ensamble reinterpreta la lógica estructural del huipil desde un vestido contemporáneo. Su transición cromática evoca ciclos vitales entre el suelo y el organismo, dando como resultado un objeto híbrido que funciona simultáneamente como prenda, archivo biológico y reflexión sobre el futuro de los materiales y la tradición.
Melina estudió Diseño de Moda en la UVM y posteriormente se especializó con Edith Medina, artista biológica e investigadora enfocada en tecnología y materialidad. Poco a poco se sumergió en este universo hasta trabajar como coordinadora del laboratorio textil en Fab Lab Yucatán, un espacio dedicado a la fabricación digital y al uso de herramientas como corte láser y CNC, entre otras tecnologías.
En entrevista con Percha Magazine, Melina Ramírez nos habló de su trabajo como diseñadora, del proceso detrás del Petri Dress y de la misión de su marca, Críptica. Una conversación que abre preguntas sobre la vida útil de una prenda, los materiales que elegimos y las posibilidades de una moda que comienza, literalmente, desde organismos vivos.
Percha Magazine: ¿Cómo empiezas a diseñar?
Melina Ramírez: Una vez que salí del Fab Lab, me dediqué a la marca y fui diseñando ready to wear, que no tiene nada que ver con prendas conceptuales ni con prendas de biotextiles, porque en Yucatán el clima es muy adverso y muy húmedo. Entonces, demasiado calor deshace muy rápido el biotextil.
Un biotextil aquí en Yucatán me puede durar hasta, no sé, cinco o seis meses, y en Ciudad de México puede durar hasta dos años. Sin embargo, he trabajado con Piñatex aquí en Yucatán, con nopal y con otros proyectos que ya están un poco más avanzados y sí duran bastante.
PM: Platícame sobre esta pieza en el Franz Mayer. Vi que la nombraste Petri Dress. ¿Cómo fue crearla? ¿Parte de una colección?
MR: La primera versión fue para una pasarela, diseñando literalmente todo bajo procesos biológicos, desde celulosa bacteriana hasta agares, que son algas marinas, y algunos residuos comunes.
Todas las muestras Petri que iba sacando para otras prendas de gran formato me sirvieron para hacer el Petri Dress. Fue una de esas prendas en las que dije: bueno, todo esto que se está haciendo como muestrario lo voy a utilizar al final para una pieza.
Esta pieza le gustó mucho a Tania Campos, curadora de la exposición, y me escribió para ser parte de ella con ese vestido. Solo que le dije: “Ya se deshizo por completo, tendría que volver a replicarlo”. Y lo repliqué. Esta fue la primera vez que yo enviaba un vestido tan complejo.
Cuando lo repliqué, entendí que los procesos nunca van a ser iguales. Parte de la biología de algunos biotextiles tiene mucho que ver con la fecha en la que estás creciendo el material y el ambiente en el que estuvo. Por ejemplo, esta vez que lo recreé estuvo lloviendo muchísimo y luego hacía calor, y esos cambios afectan al biotextil.
PM: ¿Ya habías trabajado con esta celulosa bacteriana? ¿A qué se refiere?
MR: La celulosa bacteriana la he trabajado antes. Justo hice un bioblazer para el Museo de la Luz en Ciudad de México en 2019. Fue la primera vez que hice una prenda a base de un proceso biológico. Realmente fue un proceso de fermentación con celulosa bacteriana, como sucede, por ejemplo, con un tepache o la kombucha.
La kombucha tiene un residuo en la parte superior al que se le dice SCOBY, que es producto de la fermentación. Se forma como un gel y eso me sirve para llevar a cabo una tela. Yo la curo y, a partir de este proceso, la trabajo para que pueda extenderse hasta parecer una tela.
Estos pueden tomar la forma de cualquier tipo de recipiente. Yo escojo mi base y decido si va a ser, no sé, de un metro o dos. Realmente, lo que he logrado hacer de la mejor forma y de manera más uniforme ha sido de ochenta por noventa centímetros.
Sin embargo, cuando lo hago en forma de Petri me sale mucho mejor, porque prefiero hacer varios pequeños que uno muy grande, que es más difícil de controlar. También son muestras de residuos con procesos biológicos, por así decirlo, biobases en las cuales utilizo algas como primera base y hago una fusión de ambos elementos para poder crear un textil. Entonces, no fue solamente celulosa, también utilicé alga y alginato.
PM: ¿En qué te inspiraste para el diseño del vestido? ¿Cuáles fueron los referentes que quisiste aplicar para su confección?
MR: Fíjate que, en realidad, lo que me inspiró fue pensar cómo utilizar los Petri en un vestido. En la marca tenemos un método que se llama seamless, en el que hacemos módulos, uno tras otro y sin superposición, para que puedan generar la prenda que tú quieras.
Puede ser un top o una falda. Se les llama patrones sin costura. El método lo aprendí en el Fab Lab y es interesante porque lo puedes generar de tal forma que las piezas se entrelazan entre sí.
PM: ¿Cuáles son los retos a los que te enfrentas como diseñadora al trabajar con este tipo de materiales y tecnologías?
MR: Bueno, el reto más grande es la adversidad ambiental. El segundo es que no tengo un laboratorio como tal para poder tener el control ambiental deseado y tampoco es funcional para mí tener una incubadora, por así decirlo, porque no es nuestro principal ingreso económico. Nuestro cliente frecuente busca ropa que pueda utilizar en el día a día.
PM: ¿Cuál es la reacción o reflexión que esperarías que la gente se llevara al conocer este tipo de materiales aplicados al diseño textil?
MR: Cada vez que utilices una prenda de una sola puesta, piensa realmente cuántas veces la vas a usar. Si tienes un evento, una fiesta, un festival o carnaval, o lo que sea, por ejemplo, ¿cuántas veces vas a utilizar esta pieza que estás comprando y cuánto tiempo va a tardar en degradarse en el mundo?
La principal filosofía de la marca es crear con menor impacto ambiental en todos los sentidos. Nosotros utilizamos telas con las que literalmente puedas sentirte cómodo al usarlas, que sabes que te van a durar, pero que aun así tienen una certificación que te está diciendo que hubo cuidado en el procedimiento de esa tela.
Creo que nosotros estamos muy arraigados a eso, a decir: vamos a diseñar, pero haciendo que todo tenga un menor impacto ambiental, que genere conciencia y, además, que tú como cliente puedas sumar tus valores energéticos desde cómo te vistes, lo que atraes y las energías que llevas.
La exposición plantea un encuentro con las posibilidades que la naturaleza puede ofrecer al diseño cuando se trabaja con ella desde una perspectiva ética. Más que imaginar un futuro lejano, proyectos como el Petri Dress ponen sobre la mesa preguntas que ya pertenecen al presente: de dónde vienen nuestros materiales, cuánto tiempo permanecen con nosotros y qué otras formas de producir, vestir y crear podemos explorar.
Visita la exposición “Biodiseño MX. Territorios vivos” en el Museo Franz Mayer hasta el 11 de octubre de este año, de martes a domingo, de 10:00 a.m. a 5:00 p.m.
Imágenes cortesía.