The Store Show: dos mundos, un mismo Gucci
Demna presenta una nueva lectura de Gucci donde la experiencia del desfile y la tienda suceden dentro de un mismo universo.
Cuerno Nueva York
Hay algo curioso en la vida de una colección. Primero existe sobre una pasarela, entre luces, música y unos cuantos minutos de espectáculo. Meses después, ese mismo universo aterriza en una tienda: las prendas aparecen sobre racks, los zapatos encuentran su lugar y los bolsos esperan a que alguien los saque de ese escenario para convertirlos en parte de su propia historia. Son dos momentos de un mismo mundo que normalmente suceden por separado. Con The Store Show, Gucci decide hacerlos coexistir.
La tienda se convierte en escenario y aquello que normalmente ocurre después del desfile forma parte del espectáculo desde el principio. Es casi como entrar a una realidad paralela de la moda: las piezas no tienen que esperar meses para abandonar la fantasía de la pasarela y comenzar su vida en el mundo real. El show y la tienda, dos espacios que suelen encontrarse en distintos momentos del calendario, existen aquí al mismo tiempo.
Con The Store Show, Gucci presenta la que define como la primera colección que expresa la visión personal de Demna para la Maison, construida a partir de todo lo aprendido desde su llegada. Más que plantear un único personaje, el diseñador imagina todo un reparto: el Aristócrata Rebelde, el Snob y el Excéntrico. Personalidades que podrían parecer incompatibles, pero que dentro de una tienda Gucci pueden perfectamente terminar compartiendo espacio.
La propuesta masculina arranca con una actitud italiana que parece despreocupada, aunque detrás exista bastante precisión. Pantalones cropped, mocasines llevados sin calcetines y una exploración de los códigos de la alta sociedad dan paso a una sastrería entallada, hombros de inspiración pagoda y textiles de efecto stonewashed. Las prendas de abrigo crecen en volumen y adquieren formas redondeadas, mientras el denim relaja el conjunto sin abandonar materiales nobles y una construcción cuidada.
En mujer, los códigos burgueses pierden algo de su rigidez. Una sensibilidad ecuestre atraviesa la colección entre trajes de pantalón, conjuntos de falda de sastrería precisa y prendas de hombros marcadamente pagoda. Después llegan chaquetas voluminosas sobre camisas masculinas, tops de rugby y faldas evasé de pliegues pronunciados. Tartanes escoceses, piel y lana de cuadros terminan de construir un guardarropa que se mueve entre lo aristocrático, lo irreverente y, por momentos, lo inesperado.
Y si hubo un elemento imposible de ignorar, fueron los cinturones. Más que marcar la cintura o terminar un look, aparecen como uno de los gestos visuales más contundentes de The Store Show. Se llevan con fuerza, cambian las proporciones de las siluetas y, en algunos casos, prácticamente se convierten en la pieza protagonista. El cinturón fajín 3X, con tres Horsebits, lleva al extremo esa presencia y refuerza una de las ideas que atraviesan toda la colección: tomar códigos inmediatamente reconocibles de Gucci, alterar su escala y hacer que vuelvan a llamar la atención
El universo ecuestre continúa alrededor de ellos. Los Horsebits cambian de proporción y recorren distintas piezas, mientras conjuntos que Gucci sitúa dentro de una estética “New Romantic” introducen blusas de hombros pronunciados, pantalones drapeados y joyería llevada en capas. Hay algo teatral en todo esto, pero también una intención muy clara de no tratar los códigos históricos de la Maison como objetos intocables. Aquí se exageran, se mezclan y se vuelven a poner en circulación.
Cuando cae la noche, el guardarropa vuelve a transformarse. Una lencería delicada se mezcla con grandes abrigos de shearling antes de dar paso a siluetas fluidas y mucho más precisas. Entre ellas aparece el vestido “Gravity”, una pieza esbelta asegurada por un peso colgante en forma de lágrima. Volumen y ligereza, estructura y movimiento se convierten en parte del mismo lenguaje.
Los accesorios tampoco están aquí únicamente para acompañar. El tote Horsebit “Uptown” esconde un interior organizado en múltiples compartimentos, mientras las asas “Bamboo”, realizadas a partir de secciones de piel, reinterpretan visualmente la forma del bambú. El propio 3X lleva la idea del cinturón todavía más lejos al transformarlo en un bolso de fiesta estilizado, mientras un mini duffle aparece como compañero para el día a día. A su lado, GG Marmont y Ophidia permanecen como recordatorios de un ADN que Demna no elimina, sino que coloca dentro de otro contexto.
Algo similar ocurre con los zapatos. El mocasín Gucci adquiere una nueva lectura a través de una suela tipo driver y una punta angular. Una slipper de largas borlas lleva el lenguaje del boudoir hacia el exterior, mientras stilettos de tacón metálico, líneas afiladas y botas ecuestres de caña alta continúan ese juego entre códigos conocidos y proporciones que los hacen sentirse diferentes.
Y entonces está The Savoy. Gucci lleva la colección de vuelta a un lugar ligado a las raíces de la Maison y, sobre todo, a la idea del encuentro entre personas provenientes de mundos completamente distintos. Es ahí donde el concepto termina de cerrar: personajes diferentes, códigos que pertenecen a épocas distintas y dos momentos de la moda, el desfile y la tienda, que normalmente viven separados y aquí terminan reunidos bajo un mismo techo.
Porque The Store Show juega precisamente con esa pequeña paradoja. La moda suele pedirnos imaginar cómo será una colección cuando finalmente llegue a la tienda y después a la calle. Aquí Gucci elimina parte de esa espera. La pasarela se convierte en tienda, la tienda se convierte en pasarela y las prendas parecen habitar ambos mundos al mismo tiempo, hasta que alguien las elige y comienza a darles una vida propia.