100 años de Tudor

Tudor celebra su centenario con nuevos modelos
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Cuerno Nueva York

Este 2026 marca un hito para la casa relojera Tudor. Establecida en 1926, la marca celebra su centenario. Fue hace un siglo que Hans Wilsdorf creó la firma como una alternativa a Rolex, ofreciendo productos más accesibles sin comprometer la calidad. Desde entonces, quienes portan un reloj Tudor expresan una filosofía de vida que se manifiesta a través de su lema “Born to Dare”. Este año, la marca presenta nuevos diseños para quienes se atreven a vivir la vida al máximo, y detrás de cada modelo deja ver que no se trata solo de diseñar relojes, sino también de construir experiencias de vida.


Sin duda, el Tudor Monarch se establece como el modelo más especial de los nuevos lanzamientos. Este diseño se presenta como un emblema del centenario, revelando a través de sus características una celebración de la dedicación y el amor por la relojería. El modelo revive un diseño bajo el mismo nombre, lanzado en los años noventa, que mantuvo popularidad hasta los años 2000, especialmente dentro de mercados asiáticos. Su aspecto clásico lo diferenciaba de otros relojes Tudor con un carácter más deportivo. Hoy, esos mismos códigos lo convierten en el diseño ideal para una celebración de historia y legado.

Tudor

Esta versión del Tudor Monarch 2026 exhibe un calibre de manufactura MMT5662-2U, un movimiento automático de alta precisión que se destaca por su fiabilidad, acabados y certificación de cronómetro por el Control Oficial Suizo de Cronómetros. El diseño se complementa con una caja de acero de 39 mm finamente facetada en diálogo con el brazalete. Su color champán oscuro evoca un sentimiento de honor y conmemoración. El Tudor Monarch y sus elementos se convierten en testigos de un nuevo logro: llevarlo en la muñeca simboliza un siglo de historia y dedicación al arte de la relojería.

Tudor también anuncia la incorporación de un nuevo miembro a su línea Black Bay 54. Este modelo se distingue por su “azul Tudor”, un tono zafiro que remite al momento en el que la marca introdujo su primer reloj de submarinismo en los años cincuenta. Así como el Tudor Monarch celebra el presente, el Black Bay 54 rinde homenaje al pasado. El color de su esfera y bisel entra en armonía con los tonos fríos del acero inoxidable de la caja, una de 37 mm que mantiene una proporción equilibrada con el calibre de manufactura. El brazalete del mismo material ofrece un diseño fluido y pulido, acompañado del cierre T-fit. También está disponible una correa de caucho negro para un estilo deportivo de uso diario.

La familia Black Bay 58 se encuentra bajo renovación. Tudor, así como introduce nuevos productos, también revisita los existentes. Esta nueva edición cuenta con certificación Master Chronometer otorgada por METAS, elevando sus estándares de precisión. La caja mantiene su diámetro de 39 mm, pero reduce su grosor a 11.7 mm. Con este ajuste, se asienta más plana sobre la muñeca, logrando una silueta más refinada. Tudor también amplía las opciones de personalización: ahora se puede elegir entre un brazalete de tres eslabones, uno de cinco eslabones y una correa de caucho negro disponible en tres tamaños, todos con T-fit.

Tudor pone un enfoque particular en sus relojes Black Bay 58. El modelo, además de esta modernización, ahora cuenta con una nueva versión: el Black Bay 58 GMT. La estética neo-vintage del reloj original persiste, así como su caja de 39 mm. Los cambios se encuentran en la incorporación de un nuevo calibre de manufactura GMT. Con este lanzamiento, Tudor reafirma su filosofía de diseñar para el movimiento. Cruzar husos horarios se traduce en una pieza que combina funcionalidad y elegancia con naturalidad.

Con una visión estética renovada llega el Black Bay Ceramic. A través de este modelo, Tudor demuestra un dominio creciente de la innovación técnica. La cerámica, un material que representa un reto dentro de la industria relojera, se convierte en protagonista incluso en el brazalete. El Black Bay Ceramic refleja la atención que la marca presta a cada detalle: no solo responde al desafío material, sino que incorpora elementos ergonómicos y cuenta con certificación METAS, reafirmando su compromiso con la calidad. Su acabado monocromático en negro forma parte de un lenguaje de alta tecnología y funciona como hilo conductor dentro de la colección. La casa mantiene una tradición de oscurecer sus relojes; este modelo se suma a piezas como el Pelagos, el Black Bay Dark, el Black Bay Chrono y el Pelagos FXD “All Black”, reforzando los códigos de la maison.

Por último, nuevos miembros se unen a la colección más clásica de la marca: Tudor Royal. Aquí, el color adquiere protagonismo. Los relojes presentan una variedad de tonos de esfera, entre ellos negro, azul, plateado, verde, celeste, marfil, salmón, burdeos, champán y nácar, que aportan diversidad. La caja estará disponible en tres tamaños, 30 mm, 36 mm y 40 mm, con acabados satinados y pulidos, y opción entre acero inoxidable y oro amarillo.

Para cerrar, el centenario de Tudor se presenta no como un gesto de nostalgia, sino como una reafirmación de identidad. A través de estos lanzamientos, la marca construye un diálogo entre pasado y presente, retoma códigos históricos, los actualiza y los proyecta hacia el futuro sin perder coherencia. Más que buscar una reinvención, Tudor apuesta por la evolución, por pulir aquello que ya define su lenguaje. En este sentido, cada modelo no solo conmemora cien años de historia, sino que también sugiere una continuidad clara, una forma de entender la relojería donde el legado no se conserva, sino que se transforma.